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Los dos tipos de fe (Parte 6)5 min read

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David sabía que el Dios a quien servía era mucho más grande que aquel gigante insolente; “… sino que lo necio del mundo escogió Dios para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es” (1 Corintios 1:27-28). El simple hecho de que el hombre tenga coraje para asumir la fe en este Dios Todopoderoso, aún sin verlo, sentirlo o tocarlo, ya es suficiente para hacer de él un verdadero instrumento en Sus manos, para Su exclusiva gloria.

Recuerdo un hecho ocurrido en los Estados Unidos. Un niño de aproximadamente ocho años, hijo de una familia cristiana, comenzó a sentir fuertes dolores de cabeza. Luego de haber sido orientados por los médicos, los padres comenzaron a cuidar al niño con el medicamento apropiado para aquella enfermedad. Sin embargo, el mensaje de fe del pastor de aquella familia provocó dudas al respecto del tratamiento. Luego de una serie de vigilias y oraciones en las cuales aquella familia participó con el pastor, y otras sin él, los padres del niño decidieron abandonar completamente el tratamiento médico.

Inspirados por una “fe natural” en la palabra del pastor, en la de otros cristianos y en la Palabra de Dios principalmente, un día llegaron a su casa absolutamente “convencidos” de que aquella enfermedad había sido sanada por el Señor Jesús. Tiraron el medicamento que no sólo aliviaba los fuertes dolores del niño, sino que paulatinamente lo estaba curando.

El niño volvió a tener aquellas crisis y dolores insoportables, que fueron aumentando, sin una forma de atenuarlas. El niño gritaba cada vez más fuerte de dolor, mientras sus padres continuaban clamando a Dios, convencidos de la sanidad Divina, aquella desesperación fue creciendo hasta que el niño murió.

Aún muerto, los padres no se desesperaron e incluso rechazaron los pésames de los amigos y familiares, porque estaban seguros de que el niño resucitaría. Lo llevaron a la Iglesia, donde reunidos junto con otros hermanos, oraron una noche entera, creyendo que al día siguiente el Señor lo traería a la vida.

El hecho es que el niño fue sepultado, los padres casi fueron linchados por la población y terminaron presos y procesados. No comprendían absolutamente nada respecto de la fe, que habían puesto en el Señor Jesús, en Su Palabra y en el pastor, la que no había producido ningún resultado, según se debía esperar, de acuerdo con la Biblia. Lo que debería ser para la gloria de Dios se transformó en deshonra, vergüenza y sobre todo dolor.

Después de este triste episodio, las preguntas que nos vienen a la mente son: ¿No debería Dios haber honrado la fe de aquellos padres y curar al niño? ¿Por qué Dios permitió que todo esto sucediera? ¿Será que su Palabra no es perfecta en un cien por ciento?

Realmente, a primera vista, nos quedamos frustrados; sin embargo, tenemos que observar que hay una diferencia muy grande entre la fe natural y la fe sobrenatural, y que es fundamental reconocer sus diferencias.

Aquellos padres estaban absolutamente convencidos de que tenían la fe sobrenatural de la Palabra de Dios; lo que no sabían es que la fe que suponían tener, era solamente el producto de la razón. La mente de ellos estaba absolutamente convencida de lo que está escrito en la Biblia, y que se cumple en la vida de los que creen.

En otras palabras, es posible convencerse de cualquier cosa de este mundo sin convertirse a ella. Por ejemplo: yo particularmente estoy convencido de que Flamengo es el mejor equipo de Brasil; sin embargo, aunque eso sea verdad, continúo “hinchando” hace casi 40 años por Botafogo.

Así también es la fe. A veces la persona es convencida por la razón y por la inteligencia, en cuanto a la veracidad de lo que está escrito en la Biblia; pero ella no está convertida a esa verdad.

Es bueno reafirmar que la fe sobrenatural no está disponible para todo el mundo, sólo es dada a aquellos que han colocado al Señor Jesús en primer lugar en sus vidas. De otra forma, todos los hijos del diablo también podrían beneficiarse por el poder de la fe sobrenatural, y no sería justo de parte de Dios dejar que eso suceda.

 

Si aún no ha leído la primera, segunda, tercera, cuarta y quinta parte, ingrese a los siguientes links:

Los dos tipos de fe (Parte 1)

Los dos tipos de fe (Parte 2)

Los dos tipos de fe (Parte 3)

Los dos tipos de fe (Parte 4)

Los dos tipos de fe (Parte 5)

Mensaje sustraído de: El Poder Sobrenatural de la Fe (autor: Obispo Edir Macedo)

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