Noticias | 09.08.2020 - 10:00 am


El Oro y el Altar: ¡Ay de vosotros!2 min read

Lo más detestable a los ojos de Dios era el pérfido pensamiento de esos hombres de considerar como sagrado lo que era terreno

El Oro y el Altar: ¡Ay de vosotros!

A partir del versículo 13, del capítulo 23 de Mateo, el Señor Jesús continúa en Su denuncia contra los escribas y fariseos, que tenían la intención de parecer justos ante los hombres y de ser glorificados por ellos. Prácticamente en todas sus actitudes había algún interés escondido. Este no era, sin embargo, el único problema de aquellos hombres.

Junto a la hipocresía, había aún muchas otras conductas reprobables, entre ellas la perversidad con el prójimo (Mateo 23:4-13), la obtención de ventajas sobre los más débiles y el evangelismo malintencionado, que era hecho con el propósito de atraer a las personas a la religión, y no a Dios (Mateo 23:14-15).

Todo eso era abominable, pero creo que lo más detestable a los ojos de Dios era el pérfido pensamiento de esos hombres de considerar como sagrado lo que era terreno (oro/ofrenda), y no lo que era espiritual (Templo/Altar). Por eso, el Señor Jesús dirigió Sus ojos directamente hacia el rostro de los maestros judíos y los reprendió, a fin de dejarlos conscientes del peso de sus actos delante del Todopoderoso.

La serie de siete Ay de vosotros (Mateo 23:13-33) indica que Dios derramaría de forma plena y justa Su ira, causando en los líderes religiosos el más profundo dolor.

 Ay de vosotros también expresa la tristeza de Jesús por lo que les sucedería a ellos y a todos los que tienen un carácter semejante, porque el Señor sabe que, una vez condenados, ya no podrán tener acceso a la misericordia y al perdón Divino.

Con el propósito de enfatizar Su mensaje, el Señor Jesús llama a los líderes religiosos judíos siete veces hipócritas, dos veces guías ciegos vv. 13,14,15,23,25,27,29, dos veces insensatos y ciegos vv. 17,19 y una vez sepulcros blanqueados (v. 27), serpientes y camada de víboras (v. 33). Podemos decir, por lo tanto, que la advertencia Divina fue dada por dos razones: por la manera en la que aquellos maestros vivían y por el contenido que le enseñaban al pueblo.

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