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Diez Pasos Rumbo a la Salvación Parte 33 min read

Lea más sobre los pasos importantes para poder alcanzar la salvación eterna

Diez Pasos Rumbo a la Salvación Parte 3

Paso 5.- Leer la Biblia diariamente

“Lámpara es a mis pies tu palabra y lumbrera a mi camino.” (Salmo 119:105)

No puede haber una perfecta comunión con Dios sin el conocimiento de Su santa voluntad. Cuando Jesús venció al diablo, Él lo hizo usando la Palabra de Dios. Ella es la espada del Espíritu Santo. Cuando la usamos con fe nada hay en este mundo capaz de derrotarnos, pues ella penetra en lo más íntimo de nuestro ser hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos. Cuando es pronunciada por un siervo de Dios en el nombre del Señor Jesús, produce efectos extraordinarios.

Todo aquel que desea vencer a Satanás debe conocer bien la Palabra de Dios, la Sagrada Biblia. El centurión le dijo al Señor Jesús que solamente pronunciara una palabra que su siervo sería sanado. ¡Dicho y hecho! La Palabra llegó hasta el siervo del Centurión y realizó el milagro. Es a través de esa maravillosa palabra que los mayores milagros han sucedido. Ella produce fe en nuestros corazones para resistir al diablo. Por eso es necesario conocerla profundamente.

Paso 6.- Evitar las malas compañías

Nuestra experiencia nos lleva a creer que uno de los puntos fundamentales para la liberación de una persona está en el hecho de desligarla totalmente de compañías que no profesen la misma fe. De ahí la verdad del refrán “Dime con quién andas y te diré quién eres”. Tenemos razones suficientes para considerar este refrán de mucha importancia para el proceso de salvación de una persona.

Hemos visto personas que comenzaron una vida gloriosa en la iglesia, pero, poco tiempo después, llevados por las malas compañías, terminaron desviándose de su comunión.

Debe procurar amistades que tengan su misma fe y evitar las conversaciones que no edifican, así como las discusiones y contactos que puedan debilitar su salvación.

Paso 7.- Ser bautizado

Todas las bendiciones de Dios son prometidas para aquel que creyere y fuere bautizado, y eso debe suceder inmediatamente después que la persona haya aceptado al Señor Jesucristo como su Salvador personal. El bautismo en las aguas es la mortificación de los hechos en la carne, la sepultura del viejo “yo” y el surgimiento de una nueva criatura limpia y lavada para una vida nueva.

Cuando aceptamos a Jesús como nuestro Salvador personal no podemos dejar que las manías o malas costumbres o cualquier hecho de la carne estorbe nuestra relación con el Señor. Aquel mal genio, el orgullo, la vanidad, etc, son productos de la carne y precisamente deben ser abandonados. ¿Cómo nacer de nuevo sin morir? No podemos quedar con dos naturalezas, una pecaminosa y otra convertida. Morir con Cristo significa que nuestra carne no puede dar más frutos.

Tenemos que vivir según el Espíritu Santo, una nueva vida.

Continuara…


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