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Obediencia parcial y obediencia total (parte 2)2 min read

Nada es definitivamente nuestro: somos solo administradores de los recursos que Él confía en nuestras manos.

Obediencia parcial y obediencia total (parte 2)2 min read

(Parte 2)

El diezmo, primero, era entregado para expresar reconocimiento y gratitud al Señor, por todas las dádivas que vienen de Él. Además de eso, era utilizado para la manutención del Tabernáculo y, posteriormente, del Templo, así como para el sustento de los levitas que trabajaban en el servicio sagrado (vea Números 18:24; Malaquías 3:10).

Vale resaltar que, al retener el diezmo, la persona desobedecía a Dios y quedaba sujeta a las consecuencias de su acto, como está registrado en Malaquías 3:8-9:

“¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros Me estáis robando. Pero decís: ‘¿En qué Te hemos robado?’ En los diezmos y en las ofrendas. Con maldición estáis malditos, porque vosotros, la nación entera, Me estáis robando.”

Entonces, un cristiano que objeta el hecho de honrar a Dios con sus primicias deja evidente su dificultad en encajarse como “mayordomo” o “administrador” del Altísimo en la tierra, pues no reconoce que todo lo que tenemos en este mundo pertenece al Señor.

Nada es definitivamente nuestro: somos solo administradores de los recursos que Él confía en nuestras manos.

Quien entiende eso tiene placer de dar el diezmo y ofrendar de manera voluntaria, y hace eso como forma de agradecimiento por las numerosas dádivas que recibe de lo Alto, como la vida, la salud, el aire, el alimento y muchos otros regalos Divinos.

Por lo tanto, esa visión distorsionada de que el Señor Jesús menospreció o abolió el diezmo no tiene respaldo bíblico, sino que parte de la mente de las personas mezquinas, que tienen su “bolsillo” como una parte intocable incluso para servir a Dios.

En general, son los no diezmistas los que cuestionan, resisten e incluso combaten a la fidelidad con respecto a las primicias, porque quien es diezmista de hecho ya experimentó el privilegio de que las bendiciones prometidas a los fieles se cumplan en su vida.

Si aún no ha leído la primera parte, ingrese en el siguiente link: Obediencia parcial y obediencia total Parte 1

Mensaje substraído de: El Oro y el Altar (autor: Obispo Edir Macedo)

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