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Obediencia parcial y obediencia total (parte 1)2 min read

La práctica del diezmo vino antes de la Ley y no comenzó con los israelitas.

Obediencia parcial y obediencia total (parte 1)2 min read

(Parte 1)

“¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque pagáis el diezmo de la menta, del eneldo y del comino, y habéis descuidado los preceptos de más peso de la ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad; y estas son las cosas que debíais haber hecho, sin descuidar aquellas.” (Mateo 23:23).

Necesitamos comenzar este capítulo aclarando primero un punto controvertido en la actualidad. Equivocadamente, algunas personas han interpretado el versículo anterior como una oposición del Señor Jesús al diezmo, cuando no se trata de eso.

La práctica del diezmo vino antes de la Ley y no comenzó con los israelitas. Esa costumbre ya existía en muchos pueblos paganos de civilizaciones antiguas, los cuales les daban el diezmo a sus dioses.

En la era patriarcal, período anterior a la Ley Mosaica, encontramos, por parte de Abraham, esa misma actitud:

“Entonces Melquisedec, rey de Salem, sacó pan y vino; él era sacerdote del Dios Altísimo. Y lo bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, Creador del cielo y de la tierra; y bendito sea el Dios Altísimo que entregó a tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram el diezmo de todo.” (Génesis 14:18-20).

También vemos a Jacob, nieto de Abraham, haciendo lo mismo:

“Y esta piedra que he puesto por señal será́ casa de Dios; y de todo lo que me des, Te daré el diezmo.” (Génesis 28:22).

Más adelante, el diezmo fue establecido por Dios, por intermedio de Moisés:

“Diezmarás fielmente todo el producto de tu sementera, lo que rinde tu campo cada año.” (Deuteronomio 14:22)

“Así pues, todo el diezmo de la tierra, de la semilla de la tierra o del fruto del árbol, es del Señor; es cosa consagrada al Señor. Y si un hombre quiere redimir parte de su diezmo, le añadirá́ la quinta parte. Todo diezmo del ganado o del rebaño, o sea, de todo lo que pasa debajo del cayado, la décima cabeza será cosa consagrada al Señor.”  (Levítico 27:30-32).

Continuara…

Mensaje substraído de: El Oro y el Altar (autor: Obispo Edir Macedo)

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