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Necios y ciegos enseñan y defienden el error3 min read

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El Santuario había sido dedicado al Señor Todopoderoso. Además de eso, había recibido la manifestación de Su presencia. Por su parte, el Altar era el lugar donde el hombre se aproximaba a Dios. Era imposible pensar que el oro o la ofrenda en el Templo podía ser mayor que Dios, que tiene el poder de santificar a aquello que llega al Santuario y al Altar.

Cualquier elemento presentado al Altísimo, aunque sea de gran valor monetario, no es nada a Sus ojos, si no es aprobado y santificado por Él. Por otro lado, aquello que es dedicado al Señor con sinceridad sobre Su Altar es aceptado y se torna santo. Fue esto lo que el Señor Jesús recordó:

 “¡Insensatos y ciegos!, porque ¿qué es más importante: el oro, ¿o el templo que santificó el oro? (…) ¡Ciegos!, porque ¿qué es más importante: la ofrenda, ¿o el altar que santifica la ofrenda?”  (Mateo 23:17,19)

Para explicar eso e intentar corregir la mentalidad equivocada de la época, el Señor Jesús cuestionó a los maestros judíos en cuanto al valor del Templo y del Altar. A pesar de eso, ellos no entendieron. Por esta razón, sacerdotes, escribas, fariseos y saduceos necesitaron ser llamados insensatos, o necios, repetidas veces, para que vieran cuán equivocados estaban.

Eso era un verdadero golpe a su orgullo, ya que alegaban ser los más sabios intérpretes de la Ley de Dios. Por no vivir en la Luz, ¡no poseían entendimiento Divino y actuaban y enseñaban de forma tan necia!

Así como el Señor Jesús, Pablo también confrontó la sabiduría de los intelectuales griegos y de la clase religiosa judaica. Aunque haya sido un celoso fariseo, antes de su conversión al Evangelio, el apóstol no se dejó persuadir por la sabiduría terrenal y tampoco por la eximia práctica religiosa de los maestros de la Ley del pasado.

 “Porque está escrito: Destruiré́ la sabiduría de los sabios, y el entendimiento de los inteligentes desecharé. ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el escriba? ¿Dónde el polemista de este siglo? ¿No ha hecho Dios que la sabiduría de este mundo sea necedad? Porque ya que en la sabiduría de Dios el mundo no conoció́ a Dios por medio de su propia sabiduría, agradó a Dios, mediante la necedad de la predicación, salvar a los que creen. Porque en verdad los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, piedra de tropiezo para los judíos, y necedad para los gentiles.” (1 Corintios 1:19-23)

De la misma forma que los representantes de la más alta filosofía griega, los eruditos judíos no lograban discernir lo que era espiritual. Ambos estaban en el mismo nivel de perdición y ceguera. Sin embargo, los maestros de la Ley de Israel eran inexcusables, porque poseían en sus manos un Tesoro: las Escrituras Sagradas. A pesar de eso, discutían sobre pequeñeces que no tenían nada que ver con la necesidad espiritual de la nación.

Mensaje substraído de: El Oro y el Altar (autor: Obispo Edir Macedo)

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