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Mes de la Bendición del Poseedor2 min read

Diezmo del poseedor

Este año del 2020 ha sido un año de grandes perdidas y derrotas en la vida de millones de personas en todo el mundo. Tras la pandemia y otros sucesos, muchos han perdido la ilusión de que existe la mínima esperanza de algo bueno acontecer e, incluso, esperan ansiosamente a que este año llegue a su fin. Los problemas y las dificultades han arrebatado la paz, la felicidad, la unión familiar, la sanidad, la fe, el amor y muchas otras cosas más.

 

Conforme a las Sagradas Escrituras, Abram pasó por una situación difícil cuando su sobrino fue secuestrado por pueblos enemigos:

“Al oír Abram que su pariente había sido llevado cautivo, movilizó a sus hombres adiestrados nacidos en su casa, trescientos dieciocho, y salió en su persecución hasta Dan.” (Génesis 14:14)

Abram ante la dificultad no se dio por vencido ni tampoco se dejó dominar por la condición, sino fue con la confianza que Dios sería con él. Aunque Abram y los 318 hombres, nacidos de su casa, eran mucho menores que los pueblos enemigos y sus reyes, pero la confianza hacia Dios era grande y fue hacia ellos para destruirlos y recuperar a su sobrino. Consecuentemente, Abram recibió la bendición de Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, “Bendito sea Abram del Dios Altísimo, POSEEDOR de los cielos y de la tierra. Bendito sea al Dios Altísimo, que entregó a tus enemigos en tus manos.” (Génesis 14:19).

En este mes de noviembre, se estará viviendo esta fe que vivió Abram. Lucharemos por lo que ha sido arrancado de nuestras vidas y recibiremos la bendición en nuestras vidas. Recibiremos la bendición de las primicias y así como Abram se tornó en poseedor, así sucederá en la vida de aquellos que creen.

 

Lea el siguiente testimonio del señor Douglas Merio:

Testimonios del poseedor

– Apenas tengo tres años en los Estados Unidos. Vine a este país con muchos problemas y pasando por varias necesidades, pero ilusionado de buscar una mejor vida. Infelizmente las cosas no cambiaron ya que aquí también tenía necesidades grandes, al punto de no poder darles de comer a mis hijos. Incluso llegué a cuestionar el porqué decidí venir a este país.

– En esta situación, llegué a hacer una prueba con Dios. No fue nada fácil porque tuve que depositar mi confianza completamente en las manos de Dios. Hice un pacto con Dios de fidelidad en las primicias en todos los momentos.

-Gracias a Dios, mi vida fue transformada. Hoy tengo casas, mi propio negocio con más de 20 empleados y carros. Todo lo logré después de hacer una prueba con Dios.

 


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