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Lea la Biblia en un año : 270º día13 min read

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2 Samuel 23

Últimas palabras de David

23 Estas son las últimas palabras de David:

«David, hijo de Isaí;
    David, el hombre que fue elevado tan alto;
David, el hombre ungido por el Dios de Jacob;
    David, el dulce salmista de Israel,[a] declara:

»El Espíritu del Señor habla por medio de mí;
    sus palabras están en mi lengua.
El Dios de Israel habló,
    la Roca de Israel me dijo:
“El que gobierna con justicia
    y gobierna en el temor de Dios
es como la luz de la mañana al amanecer,
    como una mañana sin nubes,
como el brillar del sol
    sobre la hierba nueva después de la lluvia”.

»¿Acaso no es a mi familia que Dios ha elegido?
    Sí, ha hecho un pacto eterno conmigo.
Su pacto está arreglado y asegurado hasta el último detalle;
    él garantizará mi seguridad y mi éxito.
Pero los que no conocen a Dios son como espinos que se desechan,
    porque desgarran la mano que los toca.
Se deben usar herramientas de hierro para cortarlos;
    serán completamente consumidos por fuego».

Los guerreros más valientes de David

Estos son los nombres de los guerreros más valientes de David. El primero era Jasobeam el hacmonita,[b] quien era el líder de los Tres,[c] los tres guerreros más valientes entre los hombres de David. Una vez utilizó su lanza para matar a ochocientos guerreros enemigos en una sola batalla.[d]

El siguiente en rango entre los Tres era Eleazar, hijo de Dodai, un descendiente de Ahoa. Una vez Eleazar y David juntos les hicieron frente a los filisteos cuando todo el ejército israelita había huido. 10 Siguió matando a filisteos hasta que se le cansó la mano para levantar su espada, y ese día el Señor le dio una gran victoria. ¡El resto del ejército regresó recién a la hora de recoger el botín!

11 El siguiente en rango era Sama, hijo de Age, de Arar. Cierta vez los filisteos se reunieron en Lehi y atacaron a los israelitas en un campo lleno de lentejas. El ejército israelita huyó, 12 pero Sama[e] no cedió terreno en medio del campo e hizo retroceder a los filisteos. Así que el Señor le dio una gran victoria.

13 Cierta vez durante la cosecha, cuando David estaba en la cueva de Adulam, el ejército filisteo estaba acampado en el valle de Refaim. Los Tres (que formaban parte de los Treinta, un grupo selecto entre los hombres de guerra de David) descendieron a la cueva para encontrarse con él. 14 En aquel tiempo, David se alojaba en la fortaleza, y un destacamento filisteo había ocupado la ciudad de Belén.

15 David les comentó a sus hombres un vivo deseo: «¡Ah, cómo me gustaría tomar un poco de esa buena agua del pozo que está junto a la puerta de Belén!». 16 Entonces los Tres atravesaron las líneas filisteas, sacaron agua del pozo junto a la puerta de Belén y se la llevaron a David. Pero David rehusó tomarla, en cambio la derramó como ofrenda al Señor17 «¡No permita el Señor que la beba!—exclamó—. Esta agua es tan preciosa como la sangre de estos hombres[f] que arriesgaron la vida para traérmela». De manera que David no la tomó. Estos son ejemplos de las hazañas de los Tres.

Los Treinta valientes de David

18 Abisai, hijo de Sarvia, hermano de Joab, era el líder de los Treinta.[g] En una ocasión usó su lanza para matar a trescientos guerreros enemigos en una sola batalla. Fue por hazañas como esta que se hizo tan famoso como los Tres. 19 Abisai era el comandante y el más famoso de los Treinta[h] aunque no era uno de los Tres.

20 Estaba también Benaía, hijo de Joiada, un valiente guerrero[i] de Cabseel, quien hizo muchas proezas heroicas, entre ellas mató a dos campeones[j] de Moab. En otra ocasión, en un día de mucha nieve, Benaía persiguió a un león hasta un hoyo y lo mató. 21 Otra vez, armado solamente con un palo, mató a un imponente guerrero egipcio que estaba armado con una lanza. Benaía arrebató la lanza de la mano del egipcio y lo mató con ella. 22 Hazañas como estas hicieron a Benaía tan famoso como los Tres, los guerreros más valientes. 23 Recibió más honores que los demás miembros de los Treinta, aunque no era uno de los Tres. Además David lo nombró capitán de su escolta.

24 Los demás miembros de los Treinta incluían a:

Asael, hermano de Joab;

Elhanán, hijo de Dodo, de Belén;

25 Sama de Harod;

Elica, hijo de Harod;

26 Heles de Pelón;[k]

Ira, hijo de Iques, de Tecoa;

27 Abiezer de Anatot;

Sibecai[l] de Husa;

28 Salmón de Ahoh;

Maharai de Netofa;

29 Heled,[m] hijo de Baana, de Netofa;

Itai, hijo de Ribai, de Guibeá (de la tierra de Benjamín);

30 Benaía de Piratón;

Hurai[n] de Nahale-gaas;[o]

31 Abi-albón de Arabá;

Azmavet de Bahurim;

32 Eliaba de Saalbón;

los hijos de Jasén;

Jonatán, 33 hijo de Sage,[p] de Arar;

Ahíam, hijo de Sarar, de Arar;

34 Elifelet, hijo de Ahasbai, de Maaca;

Eliam, hijo de Ahitofel, de Gilo;

35 Hezro de Carmelo;

Paarai de Arba;

36 Igal, hijo de Natán, de Soba;

Bani de Gad;

37 Selec de Amón;

Naharai de Beerot, escudero de Joab, hijo de Sarvia;

38 Ira de Jatir;

Gareb de Jatir;

39 Urías el hitita.

En total eran treinta y siete.

Gálatas 3

La ley y la fe en Cristo

¡Ay gálatas tontos! ¿Quién los ha hechizado? Pues el significado de la muerte de Jesucristo se les explicó con tanta claridad como si lo hubieran visto morir en la cruz. Déjenme hacerles una pregunta: ¿recibieron al Espíritu Santo por obedecer la ley de Moisés? ¡Claro que no! Recibieron al Espíritu porque creyeron el mensaje que escucharon acerca de Cristo. ¿Será posible que sean tan tontos? Después de haber comenzado su nueva vida en el Espíritu, ¿por qué ahora tratan de ser perfectos mediante sus propios esfuerzos? ¿Acaso han pasado por tantas experiencias[a] en vano? ¡No puede ser que no les hayan servido para nada!

Vuelvo a preguntarles: ¿acaso Dios les da al Espíritu Santo y hace milagros entre ustedes porque obedecen la ley? ¡Por supuesto que no! Es porque creen el mensaje que oyeron acerca de Cristo.

Del mismo modo, «Abraham le creyó a Dios, y Dios lo consideró justo debido a su fe»[b]Así que los verdaderos hijos de Abraham son los que ponen su fe en Dios.

Es más, las Escrituras previeron este tiempo en el que Dios haría justos a sus ojos a los gentiles[c] por causa de su fe. Dios anunció esa Buena Noticia a Abraham hace tiempo, cuando le dijo: «Todas las naciones serán bendecidas por medio de ti»[d]Así que todos los que ponen su fe en Cristo participan de la misma bendición que recibió Abraham por causa de su fe.

10 Sin embargo, los que dependen de la ley para hacerse justos ante Dios están bajo la maldición de Dios, porque las Escrituras dicen: «Maldito es todo el que no cumple ni obedece cada uno de los mandatos que están escritos en el libro de la ley de Dios»[e]11 Queda claro, entonces, que nadie puede hacerse justo ante Dios por tratar de cumplir la ley, ya que las Escrituras dicen: «Es por medio de la fe que el justo tiene vida»[f]12 El camino de la fe es muy diferente del camino de la ley, que dice: «Es mediante la obediencia a la ley que una persona tiene vida»[g].

13 Pero Cristo nos ha rescatado de la maldición dictada en la ley. Cuando fue colgado en la cruz, cargó sobre sí la maldición de nuestras fechorías. Pues está escrito: «Maldito todo el que es colgado en un madero»[h]14 Mediante Cristo Jesús, Dios bendijo a los gentiles con la misma bendición que le prometió a Abraham, a fin de que los creyentes pudiéramos recibir por medio de la fe al Espíritu Santo prometido.[i]

La ley y la promesa de Dios

15 Amados hermanos, el siguiente es un ejemplo de la vida diaria: así como nadie puede anular ni modificar un acuerdo irrevocable, tampoco en este caso. 16 Dios ha dado las promesas a Abraham y a su hijo.[j] Y noten que la Escritura no dice «a sus hijos[k]», como si significara muchos descendientes. Más bien, dice «a su hijo», y eso sin duda se refiere a Cristo. 17 Lo que trato de decir es lo siguiente: el acuerdo que Dios hizo con Abraham no podía anularse cuatrocientos treinta años más tarde—cuando Dios le dio la ley a Moisés—, porque Dios estaría rompiendo su promesa. 18 Pues, si fuera posible recibir la herencia por cumplir la ley, entonces esa herencia ya no sería el resultado de aceptar la promesa de Dios; pero Dios, por su gracia, se la concedió a Abraham mediante una promesa.

19 Entonces, ¿para qué se entregó la ley? Fue añadida a la promesa para mostrarle a la gente sus pecados, pero la intención era que la ley durara solo hasta la llegada del hijo prometido. Por medio de ángeles, Dios entregó su ley a Moisés, quien hizo de mediador entre Dios y el pueblo. 20 Ahora bien, un mediador es de ayuda si dos o más partes tienen que llegar a un acuerdo, pero Dios—quien es uno solo—no usó ningún mediador cuando le dio la promesa a Abraham.

21 ¿Hay algún conflicto, entonces, entre la ley de Dios y las promesas de Dios[l]? ¡De ninguna manera! Si la ley pudiera darnos vida nueva, nosotros podríamos hacernos justos ante Dios por obedecerla; 22 pero las Escrituras declaran que todos somos prisioneros del pecado, así que recibimos la promesa de libertad que Dios hizo únicamente por creer en Jesucristo.

Hijos de Dios por medio de la fe

23 Antes de que se nos abriera el camino de la fe en Cristo, estábamos vigilados por la ley. Nos mantuvo en custodia protectora, por así decirlo, hasta que fuera revelado el camino de la fe.

24 Dicho de otra manera, la ley fue nuestra tutora hasta que vino Cristo; nos protegió hasta que se nos declarara justos ante Dios por medio de la fe. 25 Y ahora que ha llegado el camino de la fe, ya no necesitamos que la ley sea nuestra tutora.

26 Pues todos ustedes son hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. 27 Y todos los que fueron unidos a Cristo en el bautismo se han puesto a Cristo como si se pusieran ropa nueva.[m] 28 Ya no hay judío ni gentil,[n] esclavo ni libre, hombre ni mujer, porque todos ustedes son uno en Cristo Jesús. 29 Y ahora que pertenecen a Cristo, son verdaderos hijos[o] de Abraham. Son sus herederos, y la promesa de Dios a Abraham les pertenece a ustedes.

Ezequiel 30

Día triste para Egipto

30 Este es otro mensaje que recibí del Señor«Hijo de hombre, profetiza y comunica este mensaje de parte del Señor Soberano:

»“Lloren y giman
    por ese día,
porque ya se acerca el día terrible,
    ¡el día del Señor!
Será un día de nubes y de penumbra,
    un día de desesperación para las naciones.
Vendrá una espada contra Egipto
    y los masacrados cubrirán el suelo.
Se llevarán sus riquezas
    y destruirán sus cimientos.
La tierra de Etiopía[a] será saqueada.
    Etiopía, Libia, Lidia, toda Arabia[b]
y sus demás aliadas
    serán destruidas en esa guerra.

»”Esto dice el Señor:
caerán todos los aliados de Egipto
    y acabará la soberbia de su poder.
Desde Migdol hasta Asuán[c]
    serán masacrados a filo de espada,
    dice el Señor Soberano.
Egipto quedará desolado,
    rodeado de naciones desoladas,
y sus ciudades quedarán en ruinas,
    rodeadas de otras ciudades en ruinas.
Los egipcios sabrán que yo soy el Señor
    cuando le prenda fuego a Egipto
    y destruya a todos sus aliados.
En ese tiempo enviaré veloces mensajeros por barco
    para aterrorizar a los tan confiados etíopes.
Un gran pánico se apoderará de ellos
    el día de la indudable destrucción de Egipto.
¡Espérenlo!
    ¡Sin falta, llegará!

10 »”Esto dice el Señor Soberano:
con el poder del rey Nabucodonosor[d] de Babilonia,
    destruiré a las multitudes de Egipto.
11 Él y sus ejércitos—los más despiadados de todos—
    serán enviados para destruir el país.
Harán guerra contra Egipto
    hasta cubrir el suelo con egipcios masacrados.
12 Secaré el río Nilo
    y venderé el país a hombres perversos.
Haré destruir la tierra de Egipto y todo lo que haya allí
    por manos de extranjeros.
    ¡Yo, el Señor, he hablado!

13 »”Esto dice el Señor Soberano:
romperé en pedazos los ídolos[e] de Egipto
    y las imágenes que están en Menfis.[f]
Ya no quedarán gobernantes en Egipto;
    el terror se apoderará del país.
14 Destruiré el sur de Egipto,[g]
    prenderé fuego a Zoán
    y traeré juicio sobre Tebas.[h]
15 Derramaré mi furia sobre Pelusio,[i]
    la fortaleza más fuerte de Egipto,
y pisotearé
    a las multitudes de Tebas.
16 ¡Sí, le prenderé fuego a todo Egipto!
    Pelusio se retorcerá de dolor;
Tebas será despedazada;
    Menfis vivirá en constante terror.
17 Los jóvenes de Heliópolis y Bubastis[j] morirán en batalla,
    y las mujeres[k] serán llevadas como esclavas.
18 Cuando yo quiebre el orgullo de la fuerza de Egipto,
    también será un día oscuro para Tafnes.
Una nube oscura cubrirá Tafnes,
    y sus hijas serán llevadas cautivas.
19 Así traeré un gran castigo sobre Egipto
    y los egipcios sabrán que yo soy el Señor”».

Los brazos rotos del faraón

20 El 29 de abril,[l] durante el año once de cautividad del rey Joaquín, recibí este mensaje del Señor21 «Hijo de hombre, le he roto el brazo al faraón, rey de Egipto. No le han enyesado el brazo para que se cure, ni se lo han entablillado para que pueda sostener una espada. 22 Por lo tanto, esto dice el Señor Soberano: ¡yo soy enemigo del faraón, rey de Egipto! Le romperé ambos brazos—el que tiene sano y el que tiene roto—y haré que se le caiga la espada. 23 Esparciré a los egipcios por muchos países alrededor del mundo. 24 Fortaleceré los brazos al rey de Babilonia y le pondré mi espada en la mano. En cambio, le romperé los brazos al faraón, rey de Egipto, y quedará tendido, herido de muerte, gimiendo de dolor. 25 Fortaleceré los brazos del rey de Babilonia, mientras los brazos del faraón caerán inservibles a ambos lados de su cuerpo. Cuando ponga mi espada en la mano del rey de Babilonia y él la levante contra la tierra de Egipto, Egipto sabrá que yo soy el Señor26 Esparciré a los egipcios entre las naciones; los dispersaré por todo el mundo. Entonces sabrán que yo soy el Señor».


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