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Lea la Biblia en un año : 267º día10 min read

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2 Samuel 20

Revuelta de Seba

20 Sucedió que había un alborotador allí de nombre Seba, hijo de Bicri, un hombre de la tribu de Benjamín. Seba tocó un cuerno de carnero y comenzó a repetir:

«¡Abajo la dinastía de David!
    No nos interesa para nada el hijo de Isaí.
Vamos, hombres de Israel,
    todos a sus casas».

Así que todos los hombres de Israel abandonaron a David y siguieron a Seba, hijo de Bicri. Pero los hombres de Judá se quedaron con su rey y lo escoltaron desde el río Jordán hasta Jerusalén.

Cuando David llegó a su palacio en Jerusalén, tomó a las diez concubinas que había dejado para que cuidaran el palacio y las puso en reclusión. Les proveyó para sus necesidades, pero no volvió a acostarse con ninguna. De modo que cada una de ellas vivió como una viuda hasta que murió.

Luego David le dijo a Amasa: «Moviliza al ejército de Judá dentro de tres días y enseguida preséntate aquí». Así que Amasa salió a notificar a la tribu de Judá, pero le llevó más tiempo del que le fue dado.

Por eso David le dijo a Abisai: «Seba, hijo de Bicri, nos va a causar más daño que Absalón. Rápido, toma a mis tropas y persíguelo antes de que llegue a alguna ciudad fortificada donde no podamos alcanzarlo».

Entonces Abisai y Joab,[a] junto con la guardia personal del rey[b] y todos sus poderosos guerreros salieron de Jerusalén para perseguir a Seba. Al llegar a la gran roca de Gabaón, Amasa les salió al encuentro. Joab llevaba puesta su túnica militar con una daga sujeta a su cinturón. Cuando dio un paso al frente para saludar a Amasa, sacó la daga de su vaina.[c]

«¿Cómo estás, primo mío?», dijo Joab, y con la mano derecha lo tomó por la barba como si fuera a besarlo. 10 Amasa no se dio cuenta de la daga que tenía en la mano izquierda, y Joab se la clavó en el estómago, de manera que sus entrañas se derramaron por el suelo. Joab no necesitó volver a apuñalarlo, y Amasa pronto murió. Joab y su hermano Abisai lo dejaron tirado allí y siguieron en busca de Seba.

11 Uno de los jóvenes de Joab les gritó a las tropas de Amasa: «Si están a favor de Joab y David, vengan y sigan a Joab». 12 Pero como Amasa yacía bañado en su propia sangre en medio del camino, y el hombre de Joab vio que todos se detenían para verlo, lo arrastró fuera del camino hasta el campo y le echó un manto encima. 13 Con el cuerpo de Amasa quitado de en medio, todos continuaron con Joab a capturar a Seba, hijo de Bicri.

14 Mientras tanto, Seba recorría todas las tribus de Israel y finalmente llegó a la ciudad de Abel-bet-maaca. Todos los miembros de su propio clan, los bicritas,[d] se reunieron para la batalla y lo siguieron a la ciudad. 15 Cuando llegaron las fuerzas de Joab, atacaron Abel-bet-maaca. Construyeron una rampa de asalto contra las fortificaciones de la ciudad y comenzaron a derribar la muralla. 16 Pero una mujer sabia de la ciudad llamó a Joab y le dijo:

—Escúcheme, Joab. Venga aquí para que pueda hablar con usted.

17 Cuando Joab se acercó, la mujer le preguntó:

—¿Es usted Joab?

—Sí, soy yo—le respondió.

Entonces ella dijo:

—Escuche atentamente a su sierva.

—Estoy atento—le dijo.

18 Así que ella continuó:

—Había un dicho que decía: “Si quieres resolver una disputa, pide consejo en la ciudad de Abel”. 19 Soy alguien que ama la paz y que es fiel en Israel, pero usted está por destruir una ciudad importante de Israel.[e] ¿Por qué quiere devorar lo que le pertenece al Señor?

20 Joab contestó:

—¡Créame, no quiero devorar ni destruir su ciudad! 21 Ese no es mi propósito. Lo único que quiero es capturar a un hombre llamado Seba, hijo de Bicri, de la zona montañosa de Efraín, quien se rebeló contra el rey David. Si ustedes me entregan a ese hombre, dejaré a la ciudad en paz.

—Muy bien—respondió la mujer—, arrojaremos su cabeza sobre la muralla.

22 Enseguida la mujer se dirigió a todo el pueblo con su sabio consejo, y le cortaron la cabeza a Seba y se la arrojaron a Joab. Así que Joab tocó el cuerno de carnero, llamó a sus tropas y se retiraron del ataque. Todos volvieron a sus casas y Joab regresó a Jerusalén para encontrarse con el rey.

23 Ahora bien, Joab era el comandante del ejército de Israel; Benaía, hijo de Joiada, era el capitán de la guardia personal del rey. 24 Adoniram[f] estaba a cargo del trabajo forzado; Josafat, hijo de Ahilud, era el historiador real. 25 Seva era el secretario de la corte; Sadoc y Abiatar eran los sacerdotes, 26 e Ira, un descendiente de Jair, era el sacerdote personal de David.

2 Corintios 13

Consejos finales de Pablo

13 Esta es la tercera vez que los visito (y como dicen las Escrituras: «Los hechos de cada caso deben ser establecidos por el testimonio de dos o tres testigos»[a]). Ya puse sobre aviso a los que andaban en pecado cuando estuve ahí durante mi segunda visita. Ahora les advierto de nuevo a ellos y a todos los demás, tal como lo hice antes, que la próxima vez no tendré compasión de ellos.

Les daré todas las pruebas que quieran de que Cristo habla por medio de mí. Cristo no es débil cuando trata con ustedes; es poderoso entre ustedes. Aunque fue crucificado en debilidad, ahora vive por el poder de Dios. Nosotros también somos débiles, al igual que Cristo lo fue, pero cuando tratemos con ustedes, estaremos vivos con él y tendremos el poder de Dios.

Examínense para saber si su fe es genuina. Pruébense a sí mismos. Sin duda saben que Jesucristo está entre ustedes;[b] de no ser así, ustedes han reprobado el examen de la fe genuina. Al ponerse a prueba, espero que reconozcan que nosotros no hemos reprobado el examen de la autoridad apostólica.

Pedimos a Dios en oración que ustedes no hagan lo malo al rechazar nuestra corrección. Espero que no sea necesario demostrar nuestra autoridad cuando lleguemos. Hagan lo correcto antes de nuestra llegada, aun si eso hace que parezca que no hemos demostrado nuestra autoridad. Pues no podemos oponernos a la verdad, más bien siempre debemos defender la verdad. Nos alegramos de parecer débiles si esto ayuda a mostrar que ustedes en realidad son fuertes. Nuestra oración es que lleguen a ser maduros.

10 Les escribo todo esto antes de ir a verlos, con la esperanza de no tener que tratarlos con severidad cuando finalmente llegue. Pues mi deseo es usar la autoridad que el Señor me ha dado para fortalecerlos, no para destruirlos.

Saludos finales de Pablo

11 Amados hermanos, termino mi carta con estas últimas palabras: estén alegres. Crezcan hasta alcanzar la madurez. Anímense unos a otros. Vivan en paz y armonía. Entonces el Dios de amor y paz estará con ustedes.

12 Salúdense unos a otros con un beso santo. 13 Todo el pueblo de Dios que está aquí les envía sus saludos.

14 [c]Que la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos ustedes.

Ezequiel 27

Fin de la gloria de Tiro

27 Luego recibí este mensaje del Señor«Hijo de hombre, entona un canto fúnebre por Tiro, esa poderosa ciudad y portal al mar, el centro comercial del mundo. Dale a Tiro este mensaje de parte del Señor Soberano:

»“Oh Tiro, te jactaste diciendo:
    ‘¡Mi belleza es perfecta!’.
Extendiste tus fronteras hacia el mar.
    Tus constructores hicieron perfecta tu belleza.
Eras como un gran barco
    construido con los mejores cipreses de Senir.[a]
Con un cedro del Líbano
    te fabricaron un mástil.
Te labraron los remos
    con robles de Basán.
Tu cubierta hecha de pino de las costas de Chipre[b]
    se incrustó con marfil.
Confeccionaron tus velas con el mejor lino de Egipto,
    y ondeaban sobre ti como una bandera.
Estabas bajo toldos azules y púrpura,
    abrillantados con tinturas de las costas de Elisa.
Tus remeros venían de Sidón y de Arvad;
    tus timoneles eran hombres hábiles de Tiro.
Sabios ancianos artesanos de Gebal calafateaban la nave.
    De todos los países llegaban naves con mercancías para comerciar contigo.

10 »”Hombres de las lejanas tierras de Persia, Lidia y Libia[c] servían en tu gran ejército. Ellos colgaban sus escudos y yelmos en tus muros y así te daban gran honor. 11 Hombres de Arvad y de Helec montaban guardia en tus murallas. Tus torres estaban al mando de hombres de Gamad. Sus escudos colgados en tus murallas completaban tu belleza.

12 »”De Tarsis enviaban mercaderes para comprar tus productos a cambio de plata, hierro, estaño y plomo. 13 Mercaderes de Grecia,[d] Tubal y Mesec llegaban con esclavos y objetos de bronce para comerciar contigo.

14 »”De Bet-togarmá traían caballos para montar, caballos para carros de guerra y mulas para cambiarlos por tus mercancías. 15 También te llegaban mercaderes desde la tierra de Dedán.[e] Tenías el monopolio del mercado en muchos lugares costeros; te pagaban con colmillos de marfil y madera de ébano.

16 »”De Aram[f] enviaban mercaderes para comprar tu gran variedad de artículos. Comerciaban con turquesa, tinturas de púrpura, bordados, lino fino y joyas de coral y de rubíes. 17 Judá e Israel te ofrecían trigo de Minit, higos,[g] miel, aceite de oliva y bálsamo a cambio de tus mercancías.

18 »”De Damasco enviaban mercaderes a comprar tu gran variedad de artículos, a cambio de vino de Helbón y lana blanca de Zahar. 19 Llegaban griegos desde Uzal[h] con hierro forjado, canela y cálamo aromático para cambiar por tus mercancías.

20 »”Desde Dedán enviaban mercaderes para intercambiar contigo sus costosas mantas para montura. 21 Los árabes y los príncipes de Cedar enviaban mercaderes para obtener tus mercancías a cambio de corderos, carneros y chivos. 22 Llegaban mercaderes de Saba y Raama para conseguir tus mercancías a cambio de toda clase de especias, joyas y oro.

23 »”También de Harán, Cane, Edén, Saba, Asiria y Quilmad llegaban con sus mercancías. 24 Traían telas de alta calidad para comerciar: tela de color azul, bordados y alfombras multicolores, enrolladas y atadas con cordeles. 25 Las naves de Tarsis formaban una caravana acuática. ¡Los depósitos de tu isla estaban llenos hasta el techo!

Destrucción de Tiro

26 »”¡Pero mira! ¡Tus remeros
    te han llevado hacia mares tempestuosos!
¡Un poderoso viento oriental
    te ha causado destrozos en alta mar!
27 Has perdido todo:
    tus riquezas y tus mercancías,
tus marineros y tus pilotos,
    tus constructores de naves, tus mercaderes y tus guerreros.
En el día de tu ruina,
    todos a bordo se hundirán en lo profundo del mar.
28 Tiemblan tus ciudades junto al mar
    mientras tus pilotos gritan de terror.
29 Todos los remeros abandonan sus naves;
    los marineros y los pilotos están de pie en la orilla.
30 Gritan fuerte por ti
    y lloran amargamente.
Se echan polvo sobre la cabeza
    y se revuelcan en cenizas.
31 Se rapan la cabeza en señal de duelo por ti
    y se visten de tela áspera.
Lloran por ti con gran amargura
    y profundo dolor.
32 Mientras se lamentan y gimen por ti,
    entonan este triste canto fúnebre:
‘¿Hubo alguna vez una ciudad como Tiro,
    que ahora está en silencio, en el fondo del mar?
33 Las mercancías que comerciabas
    saciaron los deseos de muchas naciones.
Reyes de los confines de la tierra
    se enriquecieron con tu comercio.
34 Ahora eres una nave que naufragó,
    deshecha en el fondo del mar.
Toda tu mercancía y tu tripulación
    se hundieron contigo.
35 Todos los habitantes de las costas
    se horrorizan de tu terrible destino.
Los reyes están llenos de terror
    y lo ven con la cara retorcida de espanto.
36 Los mercaderes de las naciones
    menean la cabeza al verte,[i]
pues llegaste a un horrible final
    y dejarás de existir’”».


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