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Lea la Biblia en un año : 236º día11 min read

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1 Samuel 16

Samuel unge a David como rey

16 Ahora bien, el Señor le dijo a Samuel:

—Ya has hecho suficiente duelo por Saúl. Lo he rechazado como rey de Israel, así que llena tu frasco con aceite de oliva y ve a Belén. Busca a un hombre llamado Isaí que vive allí, porque he elegido a uno de sus hijos para que sea mi rey.

Pero Samuel le preguntó:

—¿Cómo puedo hacerlo? Si Saúl llega a enterarse, me matará.

—Lleva contigo una novilla—le contestó el Señor—y di que has venido para ofrecer un sacrificio al SeñorInvita a Isaí al sacrificio, y te mostraré a cuál de sus hijos ungirás para mí.

Así que Samuel hizo como el Señor le indicó. Cuando llegó a Belén, los ancianos del pueblo salieron a su encuentro temblando.

—¿Qué pasa?—le preguntaron—. ¿Vienes en son de paz?

—Sí—contestó Samuel—, vine para ofrecer un sacrificio al Señor. Purifíquense y vengan conmigo al sacrificio.

Luego Samuel realizó el rito de purificación para Isaí y sus hijos y también los invitó al sacrificio.

Cuando llegaron, Samuel se fijó en Eliab y pensó: «¡Seguramente este es el ungido del Señor!».

Pero el Señor le dijo a Samuel:

—No juzgues por su apariencia o por su estatura, porque yo lo he rechazado. El Señor no ve las cosas de la manera en que tú las ves. La gente juzga por las apariencias, pero el Señor mira el corazón.

Entonces Isaí le dijo a su hijo Abinadab que caminara delante de Samuel. Pero Samuel dijo:

—Este no es el que el Señor ha elegido.

Después Isaí llamó a Simea,[a] pero Samuel dijo:

—Tampoco es este a quien el Señor ha elegido.

10 De la misma manera, Isaí le presentó sus siete hijos a Samuel. Pero Samuel le dijo:

—El Señor no ha elegido a ninguno de ellos.

11 Después Samuel preguntó:

—¿Son estos todos los hijos que tienes?

—Queda todavía el más joven—contestó Isaí—. Pero está en el campo cuidando las ovejas y las cabras.

—Manda llamarlo de inmediato—dijo Samuel—. No nos sentaremos a comer hasta que él llegue.

12 Entonces Isaí mandó a buscarlo. El joven era trigueño y apuesto, y de hermosos ojos.

Y el Señor dijo:

—Este es, úngelo.

13 Al estar David de pie entre sus hermanos, Samuel tomó el frasco de aceite de oliva que había traído y ungió a David con el aceite. Y el Espíritu del Señor vino con gran poder sobre David a partir de ese día. Luego Samuel regresó a Ramá.

David sirve en la corte de Saúl

14 Ahora bien, el Espíritu del Señor se había apartado de Saúl, y el Señor envió un espíritu atormentador.[b]

15 Algunos de los siervos de Saúl le dijeron:

—Un espíritu atormentador de parte de Dios te está afligiendo. 16 Busquemos a un buen músico para que toque el arpa cada vez que el espíritu atormentador te aflija. Tocará música relajante, y dentro de poco estarás bien.

17 —Me parece bien—dijo Saúl—. Búsquenme a alguien que toque bien y tráiganlo aquí.

18 Entonces un siervo le dijo a Saúl:

—Uno de los hijos de Isaí de Belén tiene mucho talento para tocar el arpa. No solo eso, es un guerrero valiente, un hombre de guerra y de buen juicio. También es un joven bien parecido y el Señor está con él.

19 Entonces Saúl mandó mensajeros a Isaí para decirle: «Envíame a tu hijo David, el pastor». 20 Isaí hizo caso y envió a su hijo David a Saúl, junto con un cabrito, un burro cargado de pan y un cuero lleno de vino.

21 Así que David llegó a donde estaba Saúl y quedó a su servicio. Saúl llegó a apreciar mucho a David, y el joven se convirtió en su escudero.

22 Luego Saúl mandó un recado a Isaí con una petición: «Por favor, permite que David quede a mi servicio, porque me simpatiza mucho».

23 Y cada vez que el espíritu atormentador de parte de Dios afligía a Saúl, David tocaba el arpa. Entonces Saúl se sentía mejor, y el espíritu atormentador se iba.

Romanos 14

El peligro de juzgar

14 Acepten a los creyentes que son débiles en la fe y no discutan acerca de lo que ellos consideran bueno o malo. Por ejemplo, un creyente piensa que está bien comer de todo; pero otro creyente, con una conciencia sensible, come solo verduras. Los que se sienten libres para comer de todo no deben menospreciar a los que no sienten la misma libertad; y los que no comen determinados alimentos no deben juzgar a los que sí los comen, porque a esos hermanos Dios los ha aceptado. ¿Quién eres tú para juzgar a los sirvientes de otro? Su amo dirá si quedan en pie o caen; y con la ayuda del Señor, quedarán en pie y recibirán la aprobación de él.

Del mismo modo, algunos piensan que un día es más sagrado que otro, mientras que otros creen que todos los días son iguales. Cada uno debería estar plenamente convencido de que el día que elija es aceptable. Los que adoran al Señor un día en particular lo hacen para honrarlo a él. Los que comen toda clase de alimentos lo hacen para honrar al Señor, ya que le dan gracias a Dios antes de comer. Y los que se niegan a comer ciertos alimentos también quieren agradar al Señor y le dan gracias a Dios. Pues no vivimos para nosotros mismos ni morimos para nosotros mismos. Si vivimos, es para honrar al Señor, y si morimos, es para honrar al Señor. Entonces, tanto si vivimos como si morimos, pertenecemos al Señor. Cristo murió y resucitó con este propósito: ser Señor de los vivos y de los muertos.

10 ¿Por qué, entonces, juzgas a otro creyente[a]? ¿Por qué menosprecias a otro creyente? Recuerda que todos estaremos delante del tribunal de Dios. 11 Pues dicen las Escrituras:

«Tan cierto como que yo vivo—dice el Señor[b],
toda rodilla se doblará ante mí,
    y toda lengua declarará lealtad a Dios[c]».

12 Es cierto, cada uno de nosotros tendrá que responder por sí mismo ante Dios. 13 Así que dejemos de juzgarnos unos a otros. Por el contrario, propónganse vivir de tal manera que no causen tropiezo ni caída a otro creyente.

14 Yo sé—y estoy convencido por la autoridad del Señor Jesús—que ningún alimento en sí mismo está mal; pero si alguien piensa que está mal comerlo, entonces, para esa persona, está mal. 15 Si otro creyente se angustia por lo que tú comes, entonces no actúas con amor si lo comes. No permitas que lo que tú comes destruya a alguien por quien Cristo murió. 16 Entonces no serás criticado por hacer algo que tú crees que es bueno. 17 Pues el reino de Dios no se trata de lo que comemos o bebemos, sino de llevar una vida de bondad, paz y alegría en el Espíritu Santo. 18 Si tú sirves a Cristo con esa actitud, agradarás a Dios y también tendrás la aprobación de los demás. 19 Por lo tanto, procuremos que haya armonía en la iglesia y tratemos de edificarnos unos a otros.

20 No destruyas la obra de Dios a causa de lo que comes. Recuerda que todos los alimentos están permitidos; lo malo es comer algo que haga tropezar a otro. 21 Es mejor no comer carne ni beber vino ni hacer ninguna otra cosa que pudiera causar que otro creyente tropiece.[d] 22 Tal vez crees que no hay nada malo en lo que haces, pero mantenlo entre tú y Dios. Benditos son los que no se sienten culpables por hacer algo que han decidido que es correcto. 23 Pero si tienes dudas acerca de si debes o no comer algo en particular, entonces es pecado comerlo, pues no eres fiel a tus convicciones. Si haces algo que crees que está mal, pecas.

Lamentaciones 1

Dolor en Jerusalén

[a]Jerusalén, antes colmada de gente,
    ahora está desierta.
La que en su día fue grande entre las naciones
    ahora queda sola como una viuda.
La que antes era la reina de toda la tierra
    ahora es una esclava.

Durante toda la noche solloza;
    las lágrimas corren por sus mejillas.
De todos sus amantes,
    no hay quien la consuele.
Todos sus amigos la traicionaron
    y se volvieron sus enemigos.

Judá fue llevada al cautiverio,
    oprimida por la cruel esclavitud.
Vive entre naciones extranjeras
    y no tiene lugar donde descansar.
Sus enemigos la persiguieron y la alcanzaron
    y ya no tiene a quien recurrir.

Los caminos a Jerusalén[b] están de luto,
    porque las multitudes ya no vienen para celebrar los festivales.
En las puertas de la ciudad hay silencio,
    sus sacerdotes gimen,
sus mujeres jóvenes lloran;
    ¡qué amarga es su suerte!

Sus opresores son ahora sus amos
    y sus enemigos prosperan,
porque el Señor castigó a Jerusalén
    por sus muchos pecados.
Sus hijos fueron capturados
    y llevados a tierras lejanas.

La bella Jerusalén[c] ha sido despojada
    de toda su majestad.
Sus príncipes son como venados hambrientos
    en busca de pastos.
Están demasiado débiles para huir
    del enemigo que los persigue.

En medio de su tristeza y sus andanzas,
    Jerusalén recuerda su antiguo esplendor.
Pero ahora ha caído en manos de su enemigo
    y no hay quien la ayude.
Su enemigo la derribó
    y se burlaba cuando ella caía.

Jerusalén ha pecado grandemente,
    por eso fue desechada como un trapo sucio.
Todos los que antes la honraban ahora la desprecian,
    porque vieron su desnudez y su humillación.
Lo único que puede hacer es gemir
    y taparse la cara.

Se deshonró a sí misma con inmoralidad
    y no pensó en su futuro.
Ahora yace en una zanja
    y no hay nadie que la saque.
«Señor, mira mi sufrimiento—gime—.
    El enemigo ha triunfado».

10 El enemigo la saqueó por completo
    y se llevó todo lo valioso que poseía.
Vio a los extranjeros profanar su templo sagrado,
    el lugar al que el Señor les había prohibido entrar.

11 Su pueblo gime en busca de pan;
    vendieron sus tesoros para comprar comida y mantenerse con vida.
«Oh Señor, mira—se lamenta—
    y observa cómo me desprecian.

12 »¿No les importa nada, ustedes que pasan por aquí?
    Miren a su alrededor y vean si hay otro sufrimiento como el mío,
que el Señor descargó sobre mí
    cuando estalló en ira feroz.

13 »Él mandó fuego del cielo que me quema los huesos.
    Tendió una trampa en mi camino y me hizo volver atrás.
Me dejó devastada
    y atormentada día y noche por la enfermedad.

14 »Él tejió sogas con mis pecados
    para atarme a un yugo de cautiverio.
El Señor minó mis fuerzas; me entregó a mis enemigos
    y en sus manos soy incapaz de levantarme.

15 »El Señor trató con desdén
    a mis hombres valientes.
A su orden llegó un gran ejército
    para aplastar a mis jóvenes guerreros.
El Señor pisoteó su amada ciudad[d]
    como se pisotean las uvas en un lagar.

16 »Por todas estas cosas lloro;
    lágrimas corren por mis mejillas.
No tengo a nadie que me consuele;
    todos los que podrían alentarme están lejos.
Mis hijos no tienen futuro
    porque el enemigo nos ha conquistado».

17 Jerusalén extiende la mano en busca de ayuda,
    pero nadie la consuela.
El Señor ha dicho
    de su pueblo Israel:[e]
«¡Que sus vecinos se conviertan en enemigos!
    ¡Que sean desechados como un trapo sucio!».

18 «El Señor es justo—dice Jerusalén—,
    porque yo me rebelé contra él.
Escuchen, pueblos de todas partes;
    miren mi angustia y mi desesperación,
porque mis hijos e hijas
    fueron llevados cautivos a tierras lejanas.

19 »Les supliqué ayuda a mis aliados,
    pero me traicionaron.
Mis sacerdotes y mis líderes
    murieron de hambre en la ciudad,
mientras buscaban comida
    para salvar sus vidas.

20 »¡Señor, mira mi angustia!
    Mi corazón está quebrantado
y mi alma desespera
    porque me rebelé contra ti.
En las calles la espada mata,
    y en casa solo hay muerte.

21 »Otros oyeron mis lamentos,
    pero nadie se volvió para consolarme.
Cuando mis enemigos se enteraron de mis tribulaciones,
    se pusieron felices al ver lo que habías hecho.
Oh, manda el día que prometiste,
    cuando ellos sufrirán como he sufrido yo.

22 »Señor, mira todas sus maldades.
    Castígalos como me castigaste a mí
    por todos mis pecados.
Son muchos mis gemidos
    y tengo el corazón enfermo de angustia».


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