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Lea la Biblia en un año : 231º día13 min read

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1 Samuel 11

Saúl derrota a los amonitas

11 Como un mes después,[a] el rey Nahas de Amón dirigió a su ejército contra la ciudad israelita llamada Jabes de Galaad. Pero los habitantes de Jabes pidieron paz.

—Haz un tratado con nosotros y seremos tus siervos—rogaron.

—Está bien—dijo Nahas—, pero con una sola condición. ¡Le sacaré el ojo derecho a cada uno de ustedes para deshonrar a todo Israel!

—¡Danos siete días para enviar mensajeros por todo Israel!—respondieron los ancianos de Jabes—. Si nadie viene a salvarnos, aceptaremos tus condiciones.

Cuando los mensajeros llegaron a Guibeá de Saúl y le contaron al pueblo acerca de su aprieto, todos se echaron a llorar. Saúl había estado arando un campo con sus bueyes y, cuando regresó a la ciudad, preguntó: «¿Qué les pasa? ¿Por qué están llorando?». Así que le contaron del mensaje de Jabes.

Entonces el Espíritu de Dios vino con poder sobre Saúl y se enojó mucho. Así que, tomó dos bueyes, los cortó en pedazos y envió mensajeros para que los llevaran por todo Israel con el siguiente mensaje: «¡Esto es lo que le pasará a los bueyes del que se niegue a seguir a Saúl y a Samuel a la batalla!». Entonces el Señor hizo que la gente tuviera miedo del enojo de Saúl, por lo tanto, todos salieron a la guerra como un solo hombre. Cuando Saúl los movilizó en Bezec, se dio cuenta de que había trescientos mil hombres de Israel y treinta mil[b] de Judá.

Entonces Saúl envió a los mensajeros de regreso a Jabes de Galaad para decir: «¡Los rescataremos mañana antes del mediodía!». Cuando llegó el mensaje, ¡hubo gran alegría en toda la ciudad!

10 Así que los hombres de Jabes dijeron a sus enemigos: «Mañana iremos a ustedes y podrán hacer con nosotros lo que quieran». 11 Pero a la mañana siguiente, antes del amanecer, Saúl llegó con su ejército dividido en tres destacamentos. Entonces atacó por sorpresa a los amonitas y los masacró durante toda la mañana. El resto del ejército amonita quedó tan disperso que no había dos de ellos juntos.

12 Entonces la gente clamó a Samuel:

—¿Ahora, dónde están esos hombres que decían: “¿Por qué debe Saúl gobernarnos?”? ¡Tráiganlos aquí y los mataremos!

13 Pero Saúl respondió:

—Nadie será ejecutado hoy, ¡porque este día el Señor rescató a Israel!

14 Luego Samuel dijo a la gente:

—¡Vengan, vamos todos a Gilgal para renovar el reino!

15 Así que todos fueron a Gilgal y en una ceremonia solemne delante del Señor proclamaron rey a Saúl. Después ofrecieron ofrendas de paz al Señor, y Saúl y todos los israelitas se llenaron de alegría.

Romanos 9

Dios elige a Israel

Con Cristo de testigo hablo con toda veracidad. Mi conciencia y el Espíritu Santo lo confirman. Tengo el corazón lleno de amarga tristeza e infinito dolor por mi pueblo, mis hermanos judíos.[a] Yo estaría dispuesto a vivir bajo maldición para siempre—¡separado de Cristo!—si eso pudiera salvarlos. Ellos son el pueblo de Israel, elegidos para ser los hijos adoptivos de Dios.[b] Él les reveló su gloria, hizo pactos con ellos y les entregó su ley. Les dio el privilegio de adorarlo y de recibir sus promesas maravillosas. Abraham, Isaac y Jacob son los antepasados de los israelitas, y Cristo mismo era israelita en cuanto a su naturaleza humana. Y él es Dios, el que reina sobre todas las cosas, ¡y es digno de eterna alabanza! Amén.[c]

Ahora bien, ¿acaso Dios no cumplió su promesa a Israel? ¡No, porque no todos los que nacen en la nación de Israel son en verdad miembros del pueblo de Dios! Ser descendientes de Abraham no los hace verdaderos hijos de Abraham, pues las Escrituras dicen: «Isaac es el hijo mediante el cual procederán tus descendientes»[d], aunque Abraham también tuvo otros hijos. Eso significa que no todos los descendientes naturales de Abraham son necesariamente hijos de Dios. Solo los hijos de la promesa son considerados hijos de Abraham; pues Dios había prometido: «Volveré dentro de un año, y Sara tendrá un hijo»[e].

10 Ese hijo fue nuestro antepasado Isaac. Cuando se casó con Rebeca, ella dio a luz mellizos.[f] 11 Sin embargo, antes de que nacieran, antes de que pudieran hacer algo bueno o malo, ella recibió un mensaje de Dios. (Este mensaje demuestra que Dios elige a la gente según sus propósitos; 12 él llama a las personas, pero no según las buenas o malas acciones que hayan hecho). Se le dijo: «Tu hijo mayor servirá a tu hijo menor»[g]13 Como dicen las Escrituras: «Amé a Jacob, pero rechacé a Esaú»[h].

14 ¿Estamos diciendo, entonces, que Dios fue injusto? ¡Por supuesto que no! 15 Pues Dios le dijo a Moisés:

«Tendré misericordia de quien yo quiera
    y mostraré compasión con quien yo quiera»[i].

16 Por lo tanto, es Dios quien decide tener misericordia. No depende de nuestro deseo ni de nuestro esfuerzo.

17 Pues las Escrituras cuentan que Dios le dijo al faraón: «Te he designado con el propósito específico de exhibir mi poder en ti y dar a conocer mi fama por toda la tierra»[j]18 Así que, como ven, Dios decide tener misericordia de algunos y también decide endurecer el corazón de otros para que se nieguen a escuchar.

19 Ahora bien, ustedes podrían decir: «¿Por qué Dios culpa a las personas por no responder? ¿Acaso no hicieron sencillamente lo que él les exige que hagan?».

20 No, no digan eso. ¿Quién eres tú, simple ser humano, para discutir con Dios? ¿Acaso el objeto creado puede preguntarle a su creador: «¿Por qué me has hecho así?»? 21 Cuando un alfarero hace vasijas de barro, ¿no tiene derecho a usar del mismo trozo de barro para hacer una vasija de adorno y otra para arrojar basura? 22 De la misma manera, aunque Dios tiene el derecho de mostrar su enojo y su poder, él es muy paciente con aquellos que son objeto de su enojo, los que están destinados para destrucción. 23 Lo hace para que las riquezas de su gloria brillen con mucha más intensidad sobre aquellos a quienes les tiene misericordia, los que preparó de antemano para gloria. 24 Y nosotros estamos entre los que él eligió, ya sea del grupo de los judíos o de los gentiles.

25 Con respecto a los gentiles, Dios dice en la profecía de Oseas:

«A los que no eran mi pueblo,
    ahora los llamaré mi pueblo.
Y amaré a los que
    antes no amaba»[k].

26 Y también dice:

«En el lugar donde se les dijo:
    “Ustedes no son mi pueblo”,
allí serán llamados
    “hijos del Dios viviente”»[l].

27 Con respecto a Israel, el profeta Isaías clamó:

«Aunque los hijos de Israel son tan numerosos como la arena a la orilla del mar,
    solo un remanente se salvará.
28 Pues el Señor ejecutará su sentencia sobre la tierra
    sin demora y de manera terminante»[m].

29 Y lo mismo dijo Isaías en otro lugar:

«Si el Señor de los Ejércitos Celestiales
    no hubiera perdonado la vida a unos cuantos de nuestros hijos,
habríamos sido exterminados como Sodoma
    y destruidos como Gomorra»[n].

Incredulidad de Israel

30 ¿Qué significa todo esto? Aunque los gentiles no trataban de seguir las normas de Dios, fueron hechos justos a los ojos de Dios; y eso sucedió por medio de la fe. 31 Pero los hijos de Israel, que se esforzaron tanto en cumplir la ley para llegar a ser justos ante Dios, nunca lo lograron. 32 ¿Por qué no? Porque trataban de hacerse justos ante Dios por cumplir la ley[o] en lugar de confiar en él. Tropezaron con la gran piedra en su camino. 33 Dios se lo advirtió en las Escrituras cuando dijo:

«Pongo en Jerusalén[p] una piedra que hace tropezar a muchos,
    una roca que los hace caer.
Pero todo el que confíe en él
    jamás será avergonzado»[q].

Jeremías 48

Mensaje acerca de Moab

48 Este es el mensaje que se dio con relación a Moab. Esto dice el Señor de los Ejércitos Celestiales, Dios de Israel:

«Qué aflicción le espera a la ciudad de Nebo;
    pronto quedará en ruinas.
La ciudad de Quiriataim será humillada y conquistada;
    la fortaleza será humillada y derribada.
Ya nunca más nadie se jactará de Moab,
    porque en Hesbón hay un complot para destruirla.
“Vengan—dicen—, haremos que nunca más sea una nación”.
    La ciudad de Madmena[a] también será silenciada;
    la espada te seguirá allí.
Oigan los gritos que vienen de Horonaim,
    gritos de devastación y gran destrucción.
Toda Moab está destruida;
    sus pequeños clamarán.[b]
Sus refugiados lloran amargamente
    mientras escalan las colinas de Luhit.
Gritan de terror
    mientras bajan la ladera a Horonaim.
¡Huyan por su vida!
    ¡Escóndanse[c] en el desierto!
Puesto que ustedes confiaron en sus riquezas y habilidades,
    serán tomados cautivos.
¡Su dios Quemos, con sus sacerdotes y funcionarios,
    serán llevados a tierras distantes!

»Todas las ciudades serán destruidas
    y nadie escapará,
ni en las mesetas ni en los valles,
    porque el Señor así lo ha dicho.
Oh, si Moab tuviera alas
    para que volara lejos,[d]
porque sus ciudades quedarán abandonadas
    y nadie vivirá en ellas.
10 ¡Malditos los que se rehúsen a hacer el trabajo del Señor,
    los que retengan la espada del derramamiento de sangre!

11 »Desde sus comienzos, Moab ha vivido en paz;
    nunca ha ido al destierro.
Es como el vino que se ha dejado reposar.
    No ha sido vertida de botella en botella,
    por eso es fragante y suave.
12 Pero pronto se acerca el día—dice el Señor—,
    cuando enviaré hombres que la viertan de su vasija.
¡Verterán a Moab
    y luego destrozarán la vasija!
13 Por fin Moab se avergonzará de su ídolo Quemos,
    como el pueblo de Israel se avergonzó de su becerro de oro en Betel.[e]

14 »Ustedes solían jactarse: “Nosotros somos héroes,
    hombres valientes de guerra”.
15 Sin embargo, ahora Moab será destruida junto con sus ciudades.
    Sus jóvenes más prometedores son condenados a la masacre
    —dice el Rey, cuyo nombre es el Señor de los Ejércitos Celestiales—.
16 Pronto se acerca la destrucción de Moab;
    se avecina una calamidad amenazante.
17 ¡Amigos de Moab,
    lloren y lamenten por esta nación!
¡Miren cómo se ha quebrado el cetro fuerte,
    cómo se ha hecho pedazos el hermoso bastón!

18 »Bájense de su gloria
    y siéntense en el polvo, gente de Dibón,
porque los que destruyan a Moab también harán pedazos a Dibón.
    Ellos derribarán todas sus torres.
19 Habitantes de Aroer,
    párense junto al camino y observen.
Griten a los que huyen de Moab:
    “¿Qué sucedió allí?”.

20 »Y la contestación que reciben es:
“¡Moab queda en ruinas, deshonrada;
    lloren y giman!
Anúncienlo en las orillas del río Arnón:
    ¡Moab ha sido destruida!”.
21 Se derramó el juicio sobre las ciudades de la meseta,
    sobre Holón, Jahaza[f] y Mefaat,
22 sobre Dibón, Nebo y Bet-diblataim,
23     sobre Quiriataim, Bet-gamul y Bet-meón,
24 sobre Queriot y Bosra,
    todas las ciudades de Moab, lejanas y cercanas.

25 »El poder de Moab ha llegado a su fin.
    Su brazo ha sido quebrado—dice el Señor—.
26 Dejen que se tambalee y caiga como un borracho,
    porque se ha rebelado contra el Señor.
Moab se revolcará en su propio vómito
    y será ridiculizada por todos.
27 ¿No ridiculizaste tú a los israelitas?
    ¿Fueron ellos acaso sorprendidos en compañía de ladrones
    para que tú los desprecies como lo haces?

28 »Ustedes, habitantes de Moab,
    huyan de sus ciudades y vivan en cuevas.
Escóndanse como palomas que anidan
    en las hendiduras de las rocas.
29 Todos hemos oído de la soberbia de Moab,
    porque su orgullo es muy grande.
Sabemos de su orgullo altanero,
    de su arrogancia y de su corazón altivo.
30 Yo conozco su insolencia
    —dice el Señor—,
pero sus alardes están vacíos,
    tan vacíos como sus hechos.
31 Así que ahora gimo por Moab;
    de veras, me lamentaré por Moab.
    Mi corazón está quebrantado por los hombres de Kir-hareset.[g]

32 »Pueblo de Sibma, rico en viñedos,
    lloraré por ti aún más de lo que lloré por Jazer.
Tus extensas vides en otro tiempo llegaban hasta el mar Muerto,[h]
    ¡pero el destructor te ha dejado desnudo
    y cosechó tus uvas y frutos de verano!
33 El gozo y la alegría desaparecieron de la fructífera Moab;
    los lagares no producen vino.
Nadie pisa las uvas dando gritos de alegría.
    Hay gritos, sí, pero no de alegría.

34 »En cambio, se pueden oír terribles gritos de terror desde Hesbón hasta Eleale y Jahaza; desde Zoar hasta Horonaim y Eglat-selisiya. Incluso las aguas de Nimrim ya están secas.

35 »Acabaré con Moab—dice el Señor—, porque la gente ofrece sacrificios en los altares paganos y quema incienso a sus dioses falsos. 36 Mi corazón gime como una flauta por Moab y Kir-hareset porque ha desaparecido toda su riqueza. 37 La gente se rapa la cabeza y se afeita la barba en señal de luto. Se hacen cortaduras en las manos y se ponen ropa de tela áspera. 38 Hay llanto y dolor en cada hogar moabita y en cada calle. Pues hice pedazos a Moab como a una vasija vieja y despreciada. 39 ¡Cómo quedó hecha añicos! ¡Escuchen los lamentos! ¡Miren la vergüenza de Moab! Se ha vuelto objeto de burla, ejemplo de ruina para todos sus vecinos».

40 Esto dice el Señor:

«¡Miren! El enemigo cae en picada como un águila,
    desplegando sus alas sobre Moab.
41 Sus ciudades caerán
    y sus fortalezas serán tomadas.
Aun los guerreros más poderosos
    estarán en agonía como mujeres en trabajo de parto.
42 Moab ya no será más una nación
    porque se jactó ante el Señor.

43 »Terror, trampas y redes serán tu suerte,
    oh Moab—dice el Señor—.
44 Los que huyan en terror caerán en una trampa,
    y los que escapen de la trampa serán apresados por una red.
Me aseguraré de que no escapes
    porque ha llegado el tiempo de tu juicio
    —dice el Señor—.
45 Los habitantes huyen hasta Hesbón,
    pero no pueden continuar
porque sale fuego de Hesbón,
    la antigua casa de Sehón,
fuego que devora toda la tierra
    junto con toda su gente rebelde.

46 »¡Qué aflicción te espera, oh pueblo de Moab!
    ¡El pueblo del dios Quemos queda destruido!
Tus hijos y tus hijas fueron llevados cautivos.
47 Pero en los días venideros
    restableceré el bienestar de Moab.
    ¡Yo, el Señor, he hablado!».

Aquí termina la profecía de Jeremías acerca de Moab.

 


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