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La Prueba del Alma (Parte 2)3 min read

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Parte 2

Otra persona que fue probada en la fe fue el joven rico. Al abordar a Jesús, aquel muchacho mostró su deseo de tener la vida eterna; sin embargo, al ser probado por el Señor, que le propuso renunciar a sus riquezas para seguirlo, el joven desistió de la Salvación (Mateo 19:16- 22).

Mientras que la mayoría de las personas que iba hasta el Hijo de Dios estaba movida por necesidades físicas, como cura y liberación, aquel joven estaba en busca de una respuesta espiritual. Sin embargo, aunque su interés era la Salvación, él no fue salvo, porque su alma estaba apegada al oro, a las riquezas materiales que poseía, y no al Señor, que es el Dueño de todo oro y de toda plata.

Ante eso, los que son de Dios y desean pertenecerle deben estar habituados a las pruebas de la fe.

Aunque el Señor nos conozca muy bien, por dentro y por fuera, aun así, Él permite que seamos probados para que nos conozcamos mejor y sepamos el real estado de nuestra fe, que es el canal de comunicación con nuestro Dios.

Entienda esto: aunque el tiempo haya pasado, el carácter del Altísimo y Su modo de actuar no cambió ni cambiará. Siendo así, como Él probó a Sus siervos en el pasado, continúa probando todos los días a aquellos que desean servirlo. Y no es la posición en la Obra de Dios o nuestros labios lo que confirma si estamos bien, sino las elecciones que hacemos en el día a día entre lo que es espiritual y lo que es terrenal.

No hay mejor prueba y mejor evaluación para nuestra alma y nuestra fe que sacrificar en el Altar aquello que representa nuestro oro, es decir, aquello en lo que nos apoyamos para vivir. Solamente así logramos pesar los objetivos, las intenciones y los propósitos de nuestro corazón.

Lamentablemente, la gran mayoría de los cristianos ha perdido la perspectiva espiritual y se ha hundido en la visión física, materialista y terrenal. Ha alimentado su carne y andado en el efecto pasajero de las sensaciones de bienestar que el placer terrenal provoca y aun así́ se ha conformado con futilidades, como títulos y practicas religiosas. De esa manera, su alma ha caminado a grandes pasos hacia el infierno, así́ como la de los maestros judíos, que caminaron hacia el precipicio espiritual.

No quiero, con esta explicación, juzgar a nadie. Al contrario, trato de alertar a los pastores y a los demás siervos de Dios que se han enfocado en el oro en vez de en el Altar, y, debido a eso, no han observado el estado deplorable en el que su propia alma y la de las ovejas se encuentran.

Por lo tanto, delante de esta exhortación, cuidemos para que el Ay de vosotros, dicho a los hipócritas del pasado, no se transforme en un “¡ay de mí!”

Cada uno de nosotros debe reflexionar sobre su propia vida con Dios.

Si usted aún no ha leído la primera parte, ingrese al siguiente link: La Prueba del Alma Parte 1

Mensaje substraído de: El Oro y el Altar (autor: Obispo Edir Macedo)

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