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La palabra que produce muerte3 min read

La mayoría de las personas desconocen la fuerza ilimitada de la palabra

La palabra que produce muerte3 min read

La mayoría de las personas desconocen la fuerza ilimitada de la palabra; ella es semejante a una semilla que, plantada en el corazón humano, crece y fructifica de acuerdo con su naturaleza.

Hay un proverbio que dice: “quien habla, planta, mientras que quien oye, recoge”. Dependiendo de la fuente de la palabra y del suelo en que fue plantada, ella puede producir vida o muerte. Si fuese posible al suelo conocer el origen de la semilla, sabría qué frutos iría a producir. Realizando un paralelo en que el corazón humano es el suelo y la palabra la semilla, esa posibilidad existe.

Cuando el Señor Jesús respondió al padre del niño poseído por un demonio dijo: “… al que cree todo le es posible” Marcos 9:23, estaba diciendo que no hay límites para la fe. Si creyésemos en un futuro terrible, eso con certeza nos sobrevendría; de la misma forma sucederá con la creencia en un futuro promisorio. Aquello en que creamos nos sobrevendrá, ahí reside el poder sobrenatural de la fe.

El diablo conoció el poder de la palabra cuando vio los resultados de las determinaciones dichas por Dios y constató que toda la creación se dio mediante Su Palabra. Él oyó a Dios decir: “… Sea la luz…”, y vio que con aquella Palabra se produjo la luz. Otra vez oyó: “Haya expansión en medio de las aguas, y de las aguas, para que separe las aguas de las aguas”, y nuevamente vio el cumplimiento de la Palabra de Dios.

Todas las demás creaciones de Dios fueron presenciadas por el diablo. Él debe haber pensado: “Ah, si tuviese este poder, yo usaría mi palabra sólo para destruir todo lo que Dios construyó, y así yo sería realmente como Él”. Pero su palabra no tenía eco porque no había quien reconociese su autoridad, a no ser los demonios; sin embargo, éstos no podían realizar nada porque también eran impotentes ante la magnitud de la creación. No había nada alrededor del diablo y de sus demonios que les obedeciera, lo que provocó flaqueza y debilidad en sus acciones.

Cuando Dios creó al ser humano y le dio el derecho de escoger su propio camino, esto significa el libre albedrío, satanás vio una gran oportunidad de encontrar en la propia creación de Dios “un socio” capaz de corromper y destruir todo aquello que el Señor construyó.

Pero era necesario primero tomarle la mente; a partir de allí, sería fácil dirigir todas sus actitudes contra Dios. Sus pensamientos serían controlados de tal forma que él le sería un “siervo en potencia” aquí en la Tierra. Dios tendría Su trono en el Cielo y satanás en la Tierra…

A partir de este razonamiento satanás comenzó a poner su plan en práctica y, así como Dios usó Su Palabra para realizar Sus grandes hechos, satanás también usó su palabra de duda para estimular la rebelión del hombre contra Dios. Una vez concretado su intento, el hombre asumió la posición de su siervo.

Cuando obedecemos la palabra de alguien, estamos siendo sus siervos. Si ella viene del diablo, él será nuestro señor, pero si ella viene de Dios, ¡Él será nuestro Señor! En otras palabras: somos siervos de aquél a quien cuya palabra obedecemos.

Mensaje substraído de: El Poder Sobrenatural de la Fe (autor: Obispo Edir Macedo)

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