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La Ofrenda de Abel y la Ofrenda de Caín (Parte 2)3 min read

La excelencia de su ofrenda dio testimonio en su favor, confesándole al Altísimo que Abel era un hombre justo.

La Ofrenda de Abel y la Ofrenda de Caín (Parte 2)3 min read

Parte 2

Hoy, podríamos decir que quien logra colocar en el Altar el más excelente sacrificio, o sea, aquello que expresa lo que hay en su interior, logra ofrecerle a Dios una ofrenda con “aroma agradable”, suave para Él. Entonces, la ofrenda que trae el corazón del ofrendante al Altar se torna para Dios la más pura y preciosa grosura quemada para Él.

Ante eso, la gran diferencia espiritual, que ya existía entre esos dos hermanos, se tornó aún más visible en el momento en el que Le presentaron sus sacrificios al Señor Dios.

En Hebreos, tenemos más informaciones respecto de ese día:

“Por la fe Abel ofreció a Dios un mejor sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó el testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y por la fe, estando muerto, todavía habla.” (Hebreos 11:4)

El Texto Sagrado muestra que fue la fe lo que hizo que Abel considerara al Señor y Lo honrara con su ofrenda. No fueron sentimientos, consejos o intuición. La excelencia de su ofrenda dio testimonio en su favor, confesándole al Altísimo que Abel era un hombre justo. Por eso, Dios lo atendió y lo aceptó.

El término usado en hebreo, en los manuscritos antiguos, para referirse a la aprobación Divina a Abel (Génesis 4:4) denota elevación, levantamiento, dándonos la clara percepción de que, así como Abel honró al Altísimo, Él también lo exaltó con Su presencia. En contrapartida, así como Caín despreció al Señor con su ofrenda, él fue despreciado por Dios.

En 1 Samuel 2:30, vemos esa reciprocidad del Altísimo con relación a Sus siervos: …pero ahora el Señor declara: Lejos esté esto de Mí, porque Yo honraré a los que Me honran, y los que Me menosprecian serán tenidos en poco.”

No sabemos exactamente cómo el Señor le mostró Su aprobación a Abel. Pudo haber sido con el descenso de fuego del cielo sobre el sacrificio o con la irradiación de una brillante luz sobre él. El hecho es que hubo una señal visible, viniendo de lo Alto, mostrando que Dios Se había agradado de la ofrenda perfecta de Abel.

Es importante destacar que no hubo de parte del Todopoderoso ninguna arbitrariedad en cuanto a Su preferencia por Abel. Al contrario, fue la fe pura y sincera de este la que lo motivó a ofrecer el más excelente sacrificio.

Esa fe es un “don de Dios” (Efesios 2:8); un regalo del Señor a los hombres, para que tengan comunión con Él y venzan sus luchas en este mundo.

Cada uno recibe su “medida de fe”, conforme está escrito en Romanos 12:3. Pero, si por un lado, existen aquellos que desarrollan su fe día tras día; por otro, están los que deciden enterrarla, al dejar que las dudas predominen y al tornarse indiferentes al Altísimo.

Ese fue el caso de Caín, que estaba desprovisto de fe. Consecuentemente, el espíritu que acompañó a su ofrenda fue de incredulidad. Su acto confirma lo que las Escrituras muestran: “Y sin fe es imposible agradar a Dios” (Hebreos 11:6).

Si usted no ha leído la primera parte, ingrese al siguiente link: La Ofrenda de Abel y la Ofrenda de Caín Parte 1

Mensaje substraído de: El Oro y el Altar (autor: Obispo Edir Macedo)

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