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La Ofrenda de Abel y la Ofrenda de Caín (Parte 1)2 min read

La Ofrenda de Abel y la Ofrenda de Caín (Parte 1)2 min read

Parte 1

En el Texto Sagrado, encontramos detalles que nos ayudan a comprender mejor por qué la ofrenda de Abel fue aceptada y la de Caín no.

Abel fue criterioso al escoger, entre los animales, lo más excelente. Para la realización del sacrificio, él “…trajo de los primogénitos de sus ovejas y de la grosura de estos”, o sea, priorizó la primogenitura, la perfección, la salud y la belleza del animal que iba a matar. Además, tuvo el celo de separar la grosura de las entrañas del animal para ofrecérsela al Señor. Abel, cuidadosamente, separó la parte de mayor valor del animal para ponerla en el Altar. Él no quiso presentar solo la carne y la sangre, sino que, en su corazón, determinó que el Altísimo merecía todo aquel sacrificio.

Al ser separada y quemada, la grosura que cubría los órganos internos de los animales le daba a la ofrenda un “aroma agradable”, suave. Ese aroma era como un buen perfume que, varias veces, es citado en las prescripciones de la Ley Mosaica como algo que Dios apreciaba mucho (Éxodo 29:18; Levítico 2:9; 3:16; 6:21; 8:29).

Por lo tanto, sin que nadie le hubiera enseñado, solo guiado por su fe, que lo movía a agradar a Dios, Abel logró darle al Señor aquello que, más tarde, Él reivindicaría en las Escrituras. La fe de ese hombre hizo que conociera las preferencias del Altísimo mucho antes de que Él mismo hablara sobre eso en Su Ley. ¡Qué glorioso!

Por otro lado, no vemos en Caín la misma dedicación que tuvo Abel. Por la ausencia de detalles en las Escrituras, notamos que él no tuvo la misma fe, el mismo empeño y el mismo amor por Dios que su hermano.

“Y aconteció que, al transcurrir el tiempo, Caín trajo al Señor una ofrenda del fruto de la tierra.” (Génesis 4:3)

Repare que no hay una sola mención de esfuerzo, por parte de Caín, para seleccionar los mejores frutos de la tierra. Él no buscó las hojas más verdes, las más suculentas, las más nuevas y brillantes. Tampoco ofreció granos escogidos de un modo exclusivo y especial para el Señor.

En la actitud de Caín, notamos Quién era Dios para él. Digo eso, porque, al llevar una ofrenda cualquiera al Altar, Caín dejó en claro que no consideraba al Altísimo como Alguien importante en su vida.

Continuara…

Mensaje substraído de: El Oro y el Altar (autor: Obispo Edir Macedo)

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