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La mente del diablo5 min read

La mente del diablo

La mente del diablo

Los cristianos deben conocer los designios de satanás, para que de esta forma, él no venga a sacar ventaja sobre ellos. Es imprescindible un conocimiento más profundo de las armas más usadas por nuestro enemigo, con el fin de armarnos apropiadamente y resistirle con tal capacidad para que nunca seamos derrotados. El Señor Jesús dijo:

“… porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias” (Mateo 15:19).

El corazón es el símbolo de la mente; satanás sabe que el campo más fértil y más fácil de actuar es justamente la mente humana. Sabe que si consigue tomarla, podrá implantar todos sus designios y, consecuentemente, sus deseos serán atendidos rápidamente.

Cuando una criatura usada por el diablo no sirve más a sus propósitos, él lo pasa a sus descendientes, después de haberle dado fin. Por eso este mundo es caótico, pues el diablo ha utilizado las mentes humanas con la intención de promover el hambre, la miseria, las enfermedades, prostitución, vicios, violencia, guerra, etc. Ha usado especialmente el arte y las religiones, pues son ésos los principales vehículos que más se mezclan con la sensibilidad humana.

Hay un dicho popular que dice “la mente vacía es la oficina de satanás”. De hecho, nosotros podemos confirmar que este dicho es una realidad, principalmente de aquellos que han ocupado sus corazones con las futilidades de este mundo, los cuales sólo han experimentado desilusiones y continuas frustraciones.

El diablo sabe llamar muy bien la atención de los corazones mediante el colorido de las fantasías de nuestra sociedad. Él conoce el corazón humano y sabe que su tendencia es amar el mundo, y las cosas que hay en él.

La codicia y la ambición humana no son desconocidas por el diablo, razón por la cual busca alimentar la visión del ser humano con las cosas impropias de este mundo. El apóstol Juan, usado por el Espíritu Santo, afirma:

No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él, porque nada de lo que hay en el mundo -los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida- proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1 Juan 2:15-17).

El ser humano se vuelve para lo que sus ojos ven. Nosotros juzgamos las cosas después de verlas. Esto sucede con casi todas las personas. Alguien dijo que veríamos mucho más si no tuviésemos ojos, justamente porque nuestra visión no siempre refleja la verdad. El diablo sabe bien cómo somos llevados por la ilusión, simplemente por la codicia de nuestros ojos.

No debemos olvidarnos que todo aquello que nuestros ojos ven es terreno y temporario, mientras aquello que no puede ser visto es espiritual y eterno. Un buen ejemplo de cómo satanás intenta impresionar los ojos de los incautos y llevarlos a la destrucción es la tentación del Señor Jesús. El diablo lo llevó a un monte alto y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos: “Todo esto te daré, si postrado me adoras” (Mateo 4:9).

En estos versículos él intentó tomar al Señor Jesús a través de sus ojos, mostrándole la belleza y la gloria de este mundo. Si el Señor Jesús no hubiera tenido sus ojos controlados por el Espíritu, seguramente habría caído en la tentación, porque la belleza de la gloria de este mundo realmente impresiona.

Todo cuidado con los ojos es poco. Muchos hombres que eran de Dios, hoy están en las manos del diablo, debido a la concupiscencia de los ojos y al desenfreno del deseo de satisfacer su carne hambrienta. La persona obesa, por ejemplo, no consigue adelgazar porque no controla su apetito, sus ojos son la causa de su gula. El vanidoso, de la misma forma, nunca está satisfecho con lo que tiene, simplemente, porque sus ojos no se cansan de codiciar, y como dice la Biblia:

“Como el Seol y el Abadón, nunca se sacian, así los ojos del hombre nunca están satisfechos” (Proverbios 27:20).

La mente controlada por el diablo hace a los ojos malos, incontrolables, insaciables y desesperadamente corruptos. Si conseguimos controlar nuestra mente, conseguiremos controlar nuestros ojos. Esto no es imposible, pues el cristiano tiene la mente de Cristo, según el apóstol Pablo por el Espíritu de Dios, afirma:

“… porque ¿quién de entre los hombres conoce las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Del mismo modo, nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido. De estas cosas hablamos, no con palabras enseñadas por la sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual. Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura; y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. En cambio, el espiritual juzga todas las cosas, sin que él sea juzgado por nadie. ¿Quién conoció la mente del Señor? ¿Quién lo instruirá? Pues bien, nosotros tenemos la mente de Cristo” (1 Corintios 2:11-16).

Mensaje sustraído de: El Poder Sobrenatural de la Fe (autor: Obispo Edir Macedo)

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