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La marca de injusticia versus el legado de justicia3 min read

La ofrenda muestra lo que hay en el corazón del ofrendante

La marca de injusticia versus el legado de justicia3 min read

Varios motivos pudieron haber hecho que Caín llevara su ofrenda a Dios, menos el deseo sincero de agradar al Señor. Por eso, mientras la vida de Caín tuvo la marca de la injusticia y la de la perversidad, la vida de Abel le dejó al mundo el legado de la justicia por la fe. Y así como él alcanzó del Altísimo el testimonio de hombre justo y temeroso, debido a su fe, nosotros también podemos alcanzar ese mismo testimonio si tenemos el mismo fervor que tuvo Abel.

Cuando alguien presenta su ofrenda en el Altar, su corazón es desnudado. La ofrenda muestra lo que hay en el corazón del ofrendante. Así, ella lo absuelve o lo condena delante de Dios, pues siempre hay una respuesta de lo Alto que puede ser positiva o negativa para aquel que ofrenda. Delante de eso, podemos decir que todo en nuestra vida depende de la forma en la que vemos al Altar y del tipo de relación que tenemos con el Señor del Altar.

Por eso, Jesús dijo:

“Dad, y os será dado; medida buena, apretada, remecida y rebosante, vaciarán en vuestro regazo. Porque con la medida con que midáis, se os volverá a medir.” (Lucas 6:38)

La manera como muchos cristianos tratan a Dios hoy se asemeja, y mucho, a la forma como Lo trató Caín. Presentan una vida vacía de fe genuina, por eso no le dan prioridad al Altar. Piensan que Dios no merece consideración, dignidad y primacía, entonces Le ofrecen una ofrenda cualquiera.

Es común que veamos a personas que gastan de modo exorbitante lo que poseen solo para ir a ver un juego de su equipo preferido o para comprar algo que va más allá de su condición económica.

¿Pero acaso esas mismas personas, al oír que el ser humano tiene el compromiso de honrar al Altísimo, no encontrarán una serie de dificultades e impedimentos para eso?

¡Es muy probable que sí! ¿Y por qué? Porque el hombre crea las condiciones y le da la prioridad a aquello que juzga que es prioridad en su vida.

Por lo tanto, no hay término medio. Tratándose de consideración para con Dios, toda la humanidad puede ser encuadrada en uno de los dos tipos de ofrendantes: Abel o Caín. En otras palabras: honramos a Dios (como Abel), o Lo despreciamos (como Caín).

Caín era un religioso. Si viviese en nuestros días, frecuentaría de manera asidua los cultos de la iglesia, sería una autoridad en la Obra (un pastor, obrero o evangelista) y podría incluso pasar por una persona muy fiel. Sin embargo, aunque el ser humano logre mentir, su ofrenda no miente jamás. La ofrenda revela lo que cada persona alimenta dentro de sí con relación a Dios.

Mensaje substraído de: El Oro y el Altar (autor: Obispo Edir Macedo)

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