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La justicia y la libertad del hombre3 min read

Por ser Justo, Dios creó a ángeles y a hombres con voluntad propia.

La justicia y la libertad del hombre3 min read

Por ser Justo, Dios creó a ángeles y a hombres con voluntad propia. Podemos decir que esa libertad fue lo que Le costó más caro.

A causa de ese poder de decisión, lucifer se arruinó al rebelarse en el Cielo. De forma parecida actuaron Adán y Eva, al elegir desobedecer a una orden Divina, en el Edén. Sin embargo, nada de eso hizo que el Altísimo eliminara el derecho de elección de Sus criaturas.

¿Y por qué Él actúa así? Porque el Señor Eterno desea que cada uno coseche exactamente lo que decidió sembrar. Solamente el hombre es el responsable por su propia bendición o por su maldición.

Siendo Dios el Todopoderoso, Él podría imponer Su voluntad con autoridad, pero prefirió dejarnos libres para que decidamos nuestro propio camino. De esa manera, somos nosotros los que generamos nuestra victoria o nuestra derrota, como leemos en Deuteronomio 11:26: “He aquí́, hoy pongo delante de vosotros una bendición y una maldición”.

Tener la noción correcta de ese rasgo de Personalidad Divina nos ayuda a conocer a Dios y a entender lo que Él espera de cada uno de nosotros.

Si, por un lado, Dios le da poder de elección al ser humano; por otro, no le oculta a nadie que no dejará a los rebeldes sin punición, incluso porque sería injusto de parte del Todopoderoso ser indiferente a las transgresiones contra Él y contra nuestro prójimo.

Si Dios ignorase el pecado, negaría Sus propios atributos y contrariaría a Su Propia Naturaleza Santa. Entonces, vemos incluso en la ira de Dios la manifestación de Su perfecta justicia a los seres humanos.

Conociendo el carácter de Dios, Abraham apeló a Su Justicia en el momento de peligro familiar. El patriarca sabía que, a causa de Su rectitud, el Altísimo jamás fallaría.

“Lejos de Ti hacer tal cosa: matar al justo con el impío, de modo que el justo y el impío sean tratados de la misma manera. ¡Lejos de Ti! El Juez de toda la tierra, ¿no hará justicia?”

– Génesis 18:25

De cierta forma, podemos decir que, por haberles hecho promesas en las Escrituras Sagradas a aquellos que Le son fieles, el Todopoderoso acaba convirtiéndose en “un deudor” de ellos. No es que el hombre tenga méritos para recibir algo de Él. Eso ocurre porque el Altísimo Se agradó en comprometerse con los de la fe, concediéndoles lo que promete en Su Palabra. Y el Señor jamás puede incumplir Su propia Palabra; a fin de cuentas, ¡Su Naturaleza es Fiel y Justa!

Andemos, por lo tanto, con temor delante del Juez de toda la tierra, para no aprobar aquello que Él desaprueba y no transgredir Su Palabra, ¡que es inviolable!

Además, que sigamos Su ejemplo de Santidad y rectitud, para que, de esa manera, seamos agentes de justicia en un mundo de injusticia y reflejemos la grandeza del Señor a Quien servimos.

Mensaje substraído de: El Oro y el Altar (autor: Obispo Edir Macedo)

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