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La Desnudez de Noé (Parte 2)3 min read

La Desnudez de Noé (Parte 2)3 min read

Parte 2

En la narración de Noé no se está juzgando la actitud de embriagarse y colocarse desnudo en su tienda, ni mucho menos que tal desnudez fuera descubierta por su hijo más joven, pero sí el procedimiento de éste hacia sus hermanos. Cam jamás debería haber comunicado a sus hermanos el haber visto la desnudez de su padre, y esto sirve también para la Iglesia. Nadie debe divulgar los errores de su padre espiritual y mucho menos los de sus propios hermanos, aunque sean los más íntimos.

Si acaso nos aconteciera un incidente como el de Cam, jamás debemos pasárselo a los demás, pues no todos tienen la estructura espiritual para soportar tal carga.

Todos los cristianos tienen su desnudez. Nadie es perfecto, ni puede considerarse como tal. El Espíritu Santo que habita en nosotros sabe perfectamente quién y cómo somos, y nuestra desnudez está delante de sus ojos; aún así, hace morada en nosotros. Entonces, ¿quién se encuentra en el derecho de revelar nuestra desnudez?

Podemos observar en este pasaje que Cam no les mintió a sus hermanos, pero no por eso dejó de cometer un gran pecado, al punto que su descendencia heredó una maldición. Que esto sirva de lección para todos los que, aun diciendo la verdad, al saber del error de un hermano, tienen la costumbre de divulgárselo a todos.

Este hecho es muy típico de las personas que, aún estando llenas de fe, no pueden, sin embargo, controlar los impulsos de su lengua delante de ciertas “oportunidades” que satanás les presenta. Es por eso que muchas personas hoy están en el infierno y no son pocas las que irán para allá por el simple hecho de tomar conocimiento de la desnudez de otros.

El apóstol Santiago nos amonesta mucho en cuanto a los pecados de la lengua y es nuestro deber frenarla:

“Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo (…) Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego! Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo (…) Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios. De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así.” (Santiago 3:2-10)

El Señor Jesús dijo:

“¿No entendéis que todo lo que entra en la boca va al vientre, y es echado en la letrina? Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre” (Mateo 15:17-18).

Bien, si Dios considera la lengua humana como fuego y como un mundo de iniquidad, entonces debemos tener todo el cuidado de filtrar nuestras palabras a fin de que no vayamos a colocar la “mies del Señor” en las llamas del infierno. Por esto mismo, cabe a cada uno de nosotros, que nos consideramos auténticos cristianos, apagar con el “Agua de la Vida” que habita en nosotros, en vez de “echar más leña al fuego”. Porque está escrito:

“El que cubre la falta busca amistad; mas el que la divulga, aparta al amigo.” (Proverbios 17:9)

Continuara…

Si usted aún no ha leído la primera parte, ingrese al siguiente link: La Desnudez de Noé (Parte 1)

Mensaje substraído de: En Los Pasos de Jesús (autor: Obispo Edir Macedo)

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