Noticias | 09.28.2020 - 3:12 pm


Jurar por el Templo, ¡eso no es nada! (Parte 2)2 min read

Jurar por el Templo, ¡eso no es nada! (Parte 2)2 min read

Parte 2

Ahora, preste atención a lo que dice el Señor Jesús en Mateo 23:16:

“¡Ay de vosotros, guías ciegos!, que decís: ‘No es nada el que alguno jure por el templo; pero el que jura por el oro del Templo, contrae obligación’.”

 Contrae obligación – esta era una forma que los líderes religiosos tenían de llamar, y así obligar, a aquel que había jurado por el oro a cumplir lo que había prometido.

En contrapartida, para ellos, era insignificante el juramento por el Altar o por el Templo. Tanto que si la persona juraba por esos lugares sagrados podía incluso quebrar su voto, sin culpa.

Entonces pregunto: ¿cómo podía un maestro de la Ley, que se juzgaba un sabio e incluso se colocaba como un poseedor de la autoridad de Moisés (Mateo 23:1), enseñar que jurar por el Templo no significaba nada, al paso que, si la persona juraba por la ofrenda depositada sobre el Altar, su juramento era válido y estaba obligada a cumplirlo?

Eso era algo completamente irracional, pues el único que podía santificar el oro era el Altar del Templo. En otras palabras, sin la presencia y la aprobación del Altísimo, la ofrenda no tenía sentido, ¡no podía ser aceptada!

Esa enseñanza diabólica de los maestros judíos mostraba lo mucho que despreciaban a Dios, pues, mientras sus ojos espirituales estaban indiferentes para con el Señor, sus ojos físicos brillaban y estaban abiertos ante lo que podían lucrar con lo que era depositado en el Altar del Templo.

Es fácil identificar la razón de ese pensamiento corrupto: la Ley Mosaica designaba parte de las ofrendas al mantenimiento de la clase sacerdotal, mientras lo restante servía para el mantenimiento del Templo. Entonces, como en aquella época, tales hombres eran los guías espirituales de la nación, les parecía rentable que entrasen más ofrendas al Tesoro del Templo. La codicia era tan grande que ellos estaban dispuestos incluso a hacer lo que era abominable delante de Dios y condenable por las Escrituras solo para beneficiarse.

Si usted aún no ha leído la primera parte: Jurar por el Templo, ¡eso no es nada! Parte 1

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