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Jurar por el Altar, ¡eso no es nada!1 min read

Jurar por el Altar, ¡eso no es nada!

Reconocer el valor del Altar fue el gran secreto de los patriarcas. Aunque no sea citado en la Biblia, está implícito que Adán, Caín y Abel construyeron altares para ofrecerle sacrificios a Dios. En la historia de Noé (Génesis 8:20), sin embargo, tenemos el primer registro de la pal- abra altar en las Escrituras. Después, vino Abraham que, para expresar su confianza en Dios, cada vez que oía Su Voz construía un Altar y sacrificaba para Él.

De la misma manera, procedieron Isaac, Israel, Moisés, Elías y tantos otros. Esos hombres de fe alcanzaron el entendimiento de que la vida comenzaba en la comunión con Dios en el Altar. Ellos sabían que el sacrificio atraía al fuego, y este, al socorro Divino.

La ofrenda presentada sobre el Altar expresaba también el agradecimiento del ofrendante por la protección y por el liderazgo del Altísimo manifestados en la vida de Sus siervos. Por eso, los patriarcas y los profetas reunían piedra por piedra, levantándolas en dirección al cielo, para tornar a aquel momento el punto alto de su culto al Todopoderoso.

Entonces, si antes de la institución de la Ley escrita el ser humano ya tenía la concepción de la importancia del Altar, imagínese después de que Dios lo estableció́ en la entrada del Tabernáculo (Éxodo 27:1-8) y, posteriormente, ¡en la entrada del Templo!

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