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El Oro y el Altar: Los Enemigos de Dios (Los Llamados «maestros de la ley»- parte 3)3 min read

La ceguera espiritual los llevó a perder la oportunidad de alcanzar la salvación.

Los Enemigos de Dios 3

Los llamados «maestros de la ley»

Parte 3

En toda la Biblia, vemos que las reprensiones Divinas no fueron dirigidas a los afligidos, a los perdidos o a los que desconocían la Verdad, sino que fueron dirigidas a los fingidos, rebeldes y conscientes de sus pecados, los cuales no manifestaban ningún deseo de cambiar.

Aunque el Hijo de Dios amase y desease salvar a todos, Él sabía que los hipócritas no estaban dispuestos a arrepentirse. En la mente cauterizada y en el corazón endurecido de ellos, no había espacio para la corrección de Dios. Así, es fácil percibir el contraste entre la manera afectuosa con la que el Señor Jesús Se dirigía a los desesperados y rechazados y la forma severa con la que reprendía a los fingidos y orgullosos.

Veamos, a continuación, algunos ejemplos de cómo el Señor Jesús lidió con los afligidos, los enfermos y los despreciados.

• El paralítico conducido por sus cuatro amigos oyó palabras de ternura del Salvador: “Y Le trajeron un paralítico echado en una camilla; y Jesús, viendo la fe de ellos, dijo al paralítico: Anímate, hijo, tus pecados te son perdonados” (Mateo 9:2).

• La mujer adúltera recibió́ protección contra sus acusadores: “…Mujer, ¿dónde están ellos? ¿Ninguno te ha condenado? Y ella respondió́: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Yo tampoco te condeno. Vete; desde ahora no peques más” (Juan 8:10-11).

• La viuda, delante del cortejo fúnebre del único hijo, fue acogida con bondad y misericordia: “Al verla, el Señor tuvo compasión de ella, y le dijo: No llores” (Lucas 7:13).

• La suegra de Pedro, en el lecho de enfermedad, recibió́ Su gentil asistencia: “E inclinándose sobre ella, reprendió́ la fiebre, y la fiebre la dejó; y al instante ella se levantó y les servía” (Lucas 4:39).

Vemos que, durante todo Su ministerio, el Salvador socorrió, animó y bendijo a los humildes. Incluso en Su momento de mayor dolor en la cruz, Él fue capaz de hablar con gentileza y atender el pedido del malhechor crucificado a Su lado. “Y decía: Jesús, acuérdate de mí cuando vengas en Tu Reino. Entonces Él le dijo: En verdad te digo: hoy estarás Conmigo en el Paraíso” (Lucas 23:42-43).

Sin embargo, la blandura desaparecía cuando Jesús hablaba con ciertos religiosos. Entre los términos y expresiones dispensados a ellos, estaban: insensatos y ciegos, guías ciegos, serpientes, camada de víboras, hipócritas y sepulcros blanqueados (vea Mateo 23:16,17,27,33). La arrogancia de aquellos hombres era tan grande que el Señor prefirió revelarles Su sabiduría a los pecadores, a los publicanos y a las meretrices, en vez de a los “respetados” maestros de la Ley.

Las enseñanzas del Señor Jesús eran dadas delante de tales religiosos, sin embargo, ellos no conseguían discernir nada; al contrario, continuaban perdidos, caminando hacia el infierno, incluso ante la revelación más extraordinaria del Dios Padre: Su Hijo Unigénito en carne (Hebreos 1:1-4).


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