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El Oro y el altar: Los Enemigos de Dios (La Cátedra de Moisés- parte 2)2 min read

Moisés poseía la autoridad Divina no porque simplemente le enseñaba al pueblo a obedecer las Leyes del Altísimo, sino, sobre todo, porque era un modelo de obediencia y respeto a los Mandamientos del Señor.

La Cátedra de Moisés

Parte 2

Al apoderarse de la posición más destacada en la sinagoga, los maestros de la Ley anhelaban ávidamente tener la reputación de hombres espirituales, es decir, de hombres íntimos de Dios, sólo para alimentar sus vanidades y desfilar con aire de superioridad frente a los demás.

¡Note la gran diferencia entre ellos y Moisés!

Moisés poseía la autoridad Divina no porque simplemente le enseñaba al pueblo a obedecer las Leyes del Altísimo, sino, sobre todo, porque era un modelo de obediencia y respeto a los Mandamientos del Señor.

Por su parte los escribas y fariseos estaban muy lejos de eso. No pasaban de hombres deshonestos y aprovechadores, que no tenían ningún respeto y consideración para con lo Sagrado. Además de eso, mientras estuviesen bien y nada les faltara, poco o nada les interesaban los problemas del pueblo. De ese modo, era imposible que hombres de esa naturaleza, con intenciones tan mezquinas y egoístas, tuviesen la aprobación de Dios.

Lamentablemente, eso no quedó en el pasado. ¡Cuánta semejanza con esas personas vemos en nuestra generación!

El número de los que viven obsesionados con la “cátedra de Moisés” crece cada día de forma más intensa. Si antes esa obsesión se limitaba a los círculos del judaísmo, hoy está insertada en todas las esferas de la sociedad, principalmente en el medio evangélico.

De ese modo, satanás ha usado los “tronos religiosos”, que son posiciones de honra dentro de las iglesias, para inflar egos y promover una apariencia de santidad entre el pueblo. Así, muchos son engañados por el diablo.

En aquella época, el Señor Jesús no sólo denunció tal farsa, sino que también alertó a Sus discípulos en cuanto a los objetivos perniciosos y ocultos de los religiosos y a la pesada condenación de quien mantiene dentro de sí un comportamiento farisaico.

Hoy, Él hace lo mismo. No son pocos los pastores, obispos, obreros, evangelistas, diáconos y presbíteros obsesionados por sentarse en la “catedra de Moisés”, a fin de enriquecerse.

Muchos de ellos ocupan funciones en la Obra de Dios indignamente, ya que no poseen testimonio de fe, temor y fidelidad a los principios eternos, pero desean recibir la honra de sentarse “en los primeros lugares”. No les preocupa el sufrimiento ajeno, pero usan su cargo o su título para recibir adulaciones y beneficiarse. Esas actitudes, por lo tanto, revelan que ellos no nacieron de Dios, pues no desean servir, sino ser servidos.

En contrapartida, los verdaderos siervos del Señor Jesús están donde Él está: entre los afligidos, desesperados, rechazados, adictos, enfermos, deprimidos, víctimas de injusticia y humillados.


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