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El Oro y el Altar: El deseo del hombre de ser admirado y de ser señor (Parte 1)1 min read

No siempre la aspiración de una persona por hacer el bien o involucrarse en una actividad en la iglesia es fruto de su voluntad de servir a Dios.

El Oro y el Altar: El deseo del hombre de ser admirado y de ser señor (parte 1)

Parte 1

Al reflexionar sobre la alerta del Señor Jesús, hecha a los religiosos de Su época (Mateo 23), podemos ver, de modo claro, que no siempre la aspiración de una persona por hacer el bien o involucrarse en una actividad en la iglesia es fruto de su voluntad de servir a Dios. Obras y deseos aparentemente buenos pueden proceder de malas motivaciones, semejantes a las de los escribas y fariseos. ¡Ejemplos de eso no faltan!

¿Cuántos jóvenes ingresan al ministerio pastoral movidos por la ambición de ser llamados “pastor” u “obispo”? ¿Cuántos, además de desear destacarse de los demás miembros de su congregación y de recibir un tratamiento diferenciado en su comunidad, quieren tener una mejor condición de vida?

Lo mismo sucede con ciertas jóvenes que están ávidas por casarse con un pastor, pero, íntimamente, no tienen la intención de dedicar sus vidas al auxilio de los afligidos. Lo que algunas cargan dentro de sí es la voluntad de ser “señoras” y ostentar un título en la Iglesia.

Imagínese, entonces, si existiera el matrimonio entre un “fariseo” y una “farisea”, es decir, ¡si hubiera un matrimonio entre dos personas que viven una fe falsa e interesada! Ciertamente, en el sentido espiritual, concebirán muchos hijos hipócritas; a fin de cuentas, solo damos aquello que tenemos.

¡Eso indica lo mucho que los títulos, posiciones, adulaciones y palmadas en la espalda afectan al ser humano!

Continuara…

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