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El Oro y el Altar: ¿Cómo nació el orgullo? (Parte 2)2 min read

Su astucia fue tan grande que logró corromper a la tercera parte del ejercito celestial

El oro y el altar: ¿Cómo nació el orgullo? (Parte 2)

Parte 2

Hubo, sin embargo, un momento en el que lucifer desconsideró la preciosidad de estar delante del Trono del Altísimo y no valoró el privilegio de rendirle la honra y la exaltación debidas. Nacía, en lucifer, el deseo presuntuoso de recibir gloria y de tener su propio trono.

Rápidamente, la criatura olvidó que era dependiente de su Creador y que, si poseía tamaña belleza y sabiduría, era porque Dios le había concedido eso.

Esas cualidades le habían sido dadas a lucifer no para que se atribuyera honra a sí mismo, sino al Señor, y también para reflejar Su Majestad.

Entonces, lleno de orgullo y vanidad, lucifer traicionó al Señor y les reveló sus planes a los demás ángeles para convencerlos de que también se rebelaran contra Él. Veamos el relato bíblico. “Pero tú dijiste en tu corazón: ‘Subiré al cielo, por encima de las estrellas de Dios levantaré mi trono, y me sentaré en el monte de la asamblea (…) me haré semejante al Altísimo’.” (Isaías 14:13-14)

Para concretar sus planes, lucifer hizo “comercio” en el Cielo, es decir, sembró su maldad entre los ángeles, negociando apoyo con ellos a fin de obtener seguidores. Su astucia fue tan grande que logró corromper a la tercera parte del ejercito celestial. Así, de portador de luz, inmediatamente lucifer pasó a ser el portador de las más densas tinieblas. Recibió el nombre de satanás (adversario de Dios; opositor; aquel que ofrece resistencia) y diablo (engañador; acusador; aquel que enfrenta a uno contra el otro, que separa). Su ocupación, desde entonces, pasó a ser difamar, acusar e intentar afectar al Señor de todas las formas – principalmente distanciando al ser humano de su Creador.

En cuanto a los ángeles rebeldes, seguidores de lucifer, se volvieron demonios a los cuales les están reservadas prisiones y tormentos eternos, por no haberse conservado sumisos al Altísimo, conforme el plan original (Judas 1:6).

Delante de eso, podemos afirmar que el fundamento del trono de satanás es la injusticia, la iniquidad, los celos, la envidia, la mentira, la insolencia y todo tipo de maldad -exactamente lo opuesto al fundamento del Trono de Dios: “La justicia y el derecho son el fundamento de Tu trono; la misericordia y la verdad van delante de Ti” (Salmos 89:14).

Si aún no ha leído la primera parte, léalo presionando el siguiente link: ¿Cómo nació el orgullo? (Parte 1)

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