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El Nacido de Dios3 min read

“Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe” (1 Juan 5:4).

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Cuando uno guarda y alimenta a los malos recuerdos, uno alimenta el corazón de malos sentimientos. Esto sucede porque hay otro “dominio” en su interior. Cuando uno nasce de nuevo, un tiene un encuentro con Dios y recibe la transformación en la mente y en el corazón. En ese momento es cuando el cambio sucede y uno pasa a vivir por la fe.

Mientras uno no nace de Dios, uno vivirá una vida dominada por el sufrimiento. Nosotros, por naturaleza, traemos el pecado de la “maldición” de Adán y Eva, de nuestros ancestrales e, inclusive, de nuestros padres. Esta maldición sólo es quebrada cuando uno tiene la experiencia del nuevo nacimiento con Dios.

“Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe” (1 Juan 5:4).

En este pasaje podemos ver como uno puede vencer al mundo, o sea, vencer y superar las malas costumbres, los malos hábitos y el materialismo en el cual vivimos. ¿Y cómo saber, si uno está viviendo conforme a este mundo materialista? Esto acontece cuando uno vive en función de cosas o de personas, por la cual se puede ver a través de la reacción que uno demuestra delante de un problema. Ahí es donde vemos como muchos desaniman en la fe, por ejemplo, cuando pasan por un problema con sus hijos, con su conjugue, de enfermedad o financieros, por ejemplo.

Los problemas son infinitos, pero esas situaciones son propicias para analizar la reacción que una toma. En esos momentos es cuando uno se pregunta ¿adónde está la fe qué uno dice tener en la Palabra de Dios? Cuando uno es nacido de Dios, sabe y tiene la certeza que, a través de la fe, se puede vencer todos estos problemas sin la mínima duda.

El nuevo nacimiento es el cambio en lo más profundo del interior del ser humano. Esa experiencia de fe regenera al hombre y lo hace comulgar con el mismo carácter del Señor, tornándolo semejante a Él espiritualmente y moralmente. Esa es la regeneración que da el acceso al Reino de Dios. Consecuentemente, el hijo de Dios recibe fuerzas para vencer al pecado, al diablo y a las corrupciones propias de la naturaleza humana. Además, el mundo, con sus estándares, costumbres e imposiciones, ya no ejercen ninguna influencia sobre él o ella.

Los resultados son visibles, hay un cambio en la conducta y en el comportamiento espiritual. Uno pasa a vivir a base de la Palabra de Dios, lo cual lo conduce a conocer, a practicar la verdad para poder disfrutar de Sus planes, propósitos y para poder ver todos sus proyectos realizados. Esto significa que a cada acto, decisión y elección que se toma debe ser primeramente consultada a Dios para tener la certeza y ser su guía en todo lo que se planee hacer.

Cuando se ve a alguien sufriendo y fracasado en algún aspecto de la vida, es posible asegurarse que esta persona no está practicando la Palabra de Dios o no es nacida de Dios. Pues lo qué está escrito es verdadero y se cumple. El que es nacido de Dios, vence al mundo y a todos los problemas.

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