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El mosquito y el camello2 min read

El mosquito y el camello fueron usados por Jesús como ejemplos para mostrar la meticulosidad de aquellos hipócritas con lo que era insignificante.

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Debido a esas actitudes maliciosas, los religiosos oyeron del Señor Jesús esta dura reprensión:

“¡Guías ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello!”

– Mateo 23:24

El mosquito y el camello fueron usados por Jesús como ejemplos para mostrar la meticulosidad de aquellos hipócritas con lo que era insignificante.

Para el mundo judaico de la época, no podía haber una ilustración mejor para definir los criterios distorsionados de los guías espirituales de Israel.

Según la Ley Levítica, el mosquito era el menor insecto impuro, mientras el camello era el mayor animal impuro. Entonces, con pavor de tornarse impuros en el sentido ceremonial, los religiosos colaban todo el líquido que bebían, especialmente licor y vino, pues, al ser bebidas más oscuras, podían ocultar algún pequeño insecto o alguna larva.

Ese hábito era conocido como “colar mosquito”, pues grande era el rigor con que pasaban el líquido de un recipiente a otro, a fin de verificar si había impureza. Eso era hecho no por cuestiones higiénicas, sino por la obsesión de no contaminarse ceremonialmente.

Por saber que ese cuidado exacerbado era puro teatro

de los religiosos, el Señor Jesús aprovechó su exageración para revelar que, aunque no engulleran un “pequeño mosquito”, ellos “engullían” un “camello entero” en el sentido espiritual, pues, a pesar de colar los menores insectos impuros, a causa de las tradiciones de los antepasados, cometían toda clase de injusticia y crueldad contra su prójimo y encima menospreciaban la fe y la sinceridad para con Dios y con los hombres.

Así́, lo que los maestros judíos, de hecho, debían eliminar de sí mismos eran las injusticias, la dureza en el trato hacia las personas y la incredulidad, pues eran esos los males que estaban contaminando su alma.

Si colocaban en práctica la Palabra de Dios, procederían con honestidad, serían los primeros en defender a los oprimidos y tendrían las manos extendidas a los afligidos. Sin embargo, los religiosos eran los primeros a “devorar la casa de las viudas”, al aprovecharse de la fragilidad de ellas y de quien tenía tan poco.

Vemos, entonces, cómo es fácil para el hombre perder su semejanza a Dios e irse bien lejos de Él, incluso manejando Su Palabra. Solamente en la práctica de este trípode de la vida espiritual – la justicia, la misericordia y la fe – el ser humano se vuelve, de hecho, un discípulo auténtico y fiel al Señor Jesús.

1. En ese episodio, narrado en los Evangelios, Pilato declaró que no vio en Jesús ninguna culpa con relación a

aquello de lo que los religiosos judíos Lo acusaban y ofreció́ la liberación de un prisionero, como era costumbre en la Pascua.

 


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