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Diferencia entre los frutos y los dones4 min read

En toda la historia de la Iglesia del Señor Jesús siempre hubo problemas serios que escandalizaron a muchos, desviaron de la fe a otros y contribuyeron en demasía a dañar, dividir y no comprender al Cuerpo de Cristo.

Diferencia entre los frutos y los dones4 min read

En los capítulos anteriores abordamos, especialmente, los frutos y los dones del Espíritu Santo. Ahora bien, para dejar más claro tanto las funciones como los objetivos de unos y otros, creemos conveniente aclarar lo siguiente:

En toda la historia de la Iglesia del Señor Jesús siempre hubo problemas serios que escandalizaron a muchos, desviaron de la fe a otros y contribuyeron en demasía a dañar, dividir y no comprender al Cuerpo de Cristo. Parte de este gran problema se debe a la falta de discernimiento entre los frutos y los dones del Espíritu Santo, y ésta es una de las razones fundamentales por la que existen tantas denominaciones eclesiales diferentes, que llegan hasta el punto de considerarse enemigas las unas de las otras. En este aspecto, la Iglesia del Señor ha sido severamente castigada, aunque ha ido creciendo espontáneamente a “trancas y barrancas” y siempre con la ayuda del Espíritu Santo, que traspasa las barreras humanas y políticas que el propio cristiano impone.

La gran mayoría de las personas confunde el uso de los frutos con el de los dones del Espíritu Santo; es el caso, por ejemplo, del pastor que, por ser muy usado por el Espíritu para hablar de las manifestaciones de los dones espirituales, se olvida de los frutos. En el ejercicio de su ministerio sana a los enfermos, expulsa demonios, predica mensajes inspirados y todo lo demás, pero, mientras, es un pésimo ejemplo en su vida familiar, con sus amigos y parientes. Es decir, que dentro de la iglesia se comporta como un santo consagrado y fuera de ella, a la vista de los demás, actúa como si fuera un incrédulo. Ésta es la razón de por qué muchas personas cristianas casi nunca consiguen atraer a sus cónyuges e hijos a la Iglesia.

Lo que motiva este desnivel espiritual es el hecho de que el pastor, por ser muy usado por el Espíritu Santo en su ministerio, se cree señor de sí mismo y de sus acciones extraministeriales, con la aprobación del propio Espíritu, es decir, que por ser muy usado por Dios a través de sus dones tiene el derecho de actuar como le venga en gana. Una cosa no tiene que ver con la otra. Si él es muy usado por Dios delante de las personas necesitadas es porque el Señor desea alcanzar a aquellas criaturas perdidas y cumplir su Palabra. Entonces, el pastor es usado, y esto no quiere decir o confirmar su santidad delante de Dios. Dios usó a una asna para hablar a Balaam (Números 22:28) y a un cuervo para alimentar al profeta Elías (1 Reyes 17:4), y no por eso estos animales eran puros y santos.

El apóstol Pablo nos amonesta al respecto de los dones y los frutos del Espíritu, cuando afirma: “Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy” (1 Corintios 13:1-2).

Para Pablo era más importante el ser que el hacer, es decir, ejercer con la propia vida el amor, la alegría, la paz, la paciencia, la benignidad, la bondad, la fe, la mansedumbre y la templanza delante de Dios y de los hombres e, incluso, delante de los demonios. Es vivir al Señor Jesús cada día y manifestar su gran gloria en este mundo. ¡Ésta es y será, siempre, la voluntad máxima de Dios para cada uno de nosotros! El Señor Jesús dijo: “Vosotros sois la sal de la tierra…” (Mateo 5:13).

Nadie puede ser cristiano sin seguir al Señor Jesús, ni ser sal de la tierra si no vive los frutos del Espíritu Santo.

Los frutos del Espíritu Santo son las manifestaciones de nuestro yo delante del mundo, mientras que los dones son la manifestación del Espíritu Santo a través nuestro y oyendo de nuestros labios las promesas de Dios.

Es el profundo deseo de Dios, no sólo que hagamos su obra en favor de su pueblo, sino que, también, seamos un vivo ejemplo del Señor Jesús, como está escrito:

“El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo” (1 Juan 2:6).

Mensaje substraído de: En Los Pasos de Jesús (autor: Obispo Edir Macedo)

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