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¿Cuál es su elección ahora?3 min read

¿Cuál es su elección ahora?

La elección entre el amor por el oro (la ofrenda) y el amor por el Santuario (el Altar) es, en realidad, la elección entre amar al mundo o amar al Señor de la gloria (vea 1 Juan 2:15).

La Salvación del alma depende de esa elección nuestra. No podemos amar a los dos al mismo tiempo, pues como dijo Jesús, refiriéndose a lo que amamos y a quien servimos de hecho (a Dios o a las riquezas/Mamón1), no podemos servir a dos señores, porque amaremos más a uno y odiaremos al otro, y nos dedicaremos a uno y despreciaremos el otro, como está escrito:

“Nadie puede servir a dos señores; porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o se apegará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.”

– Mateo 6:24

Cuando existe el deseo de servir en el Santuario o en el Altar, sin el debido temor, por intereses personales, para obtener ventajas materiales, es cierto que, tarde o temprano, el “siervo” será castigado ejemplarmente por el Señor del Santuario y del Altar.

¡He ahí la razón de la existencia de muchos exobispos, expastores y exobreros en la misma situación espiritual del exquerubín lucifer!

Muchos de ellos incluso ya murieron física y espiritualmente, y otros están, a grandes pasos, corriendo hacia la sepultura, porque, en la frenética corrida por el oro y la ofrenda, dejaron atrás el temor al Señor.

Es lamentable, pero hemos visto a muchos hombres y mujeres manifestar su fe para servir en el Altar a causa del oro. Dicen querer servir en el Altar, pero lo que realmente quieren es llegar hasta el oro. Para esos, el oro depositado en el Altar es más importante que el propio Altar.

Quien quiere trillar el camino del oro tiene sus pensamientos enfocados en el oro. Su preocupación es encontrar maneras para beneficiarse de él. Puede tener incluso un acto de generosidad o de amor aquí y allí, pero la persona hace eso por interés, porque, en su interior, desea alcanzar un determinado título, ser reconocida por el público, ver que su nombre sea engrandecido o conquistar bienes materiales para ella.

Por otro lado, la persona que quiere trillar el camino del Altar tiene sus pensamientos enfocados en el Altar y en lo que él representa. Su preocupación es encontrar maneras para servir en el Altar. Por eso, se concentra en servir al Señor en todas las circunstancias y, de ese modo, lleva a los sufridos a conocer al Único y Verdadero Dios, glorifica el Nombre de Jesús y hace discípulos.

Jamás podemos olvidarnos de que, mientras que el camino del Altar es el recorrido hacia los Brazos de Dios, el camino del oro es la ruta hacia el infierno. Por lo tanto, ¡son caminos opuestos que llevan a destinos opuestos!

Muchos aún, sin embargo, insisten en creer que pueden sacar provecho de lo “mejor de los dos mundos”. Pero es imposible servir a dos señores; es imposible seguir dos caminos. Usted está trillando uno, o está trillando otro; pretende beneficiarse del oro, o pretende agradar a Dios en el Altar.

Para finalizar este capítulo, dejo la siguiente pregunta para reflexionar: ¿cuál ha sido su verdadera intención al servir a Dios?

(1 Mamón era conocido en el mundo antiguo como el dios de las riquezas. En la cultura judaica, este término pasó a designar la ambición y el amor al dinero).

Mensaje sustraído de: El Oro y el Altar (autor: Obispo Edir Macedo)

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