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Consecuencias del pecado de David3 min read

Consecuencias del pecado de David

Sabemos que el pecado de David no se limitó al adulterio. El hombre según el corazón de Dios se revolcó́ en el lodo de la maldad, al intentar ocultar su transgresión. Él fue capaz de organizar la muerte de Urías.

Al ser confrontado por el profeta Natán (por su adulterio y por el asesinato del marido de su amante), David se arrepintió́ y fue perdonado por el Señor, pero experimentó la Ley Divina vigente para todos: nosotros cosechamos lo que sembramos (Gálatas 6:7).

Las consecuencias de ese episodio de la vida de David continúan en el capítulo 12 de 2 Samuel. Vea la reprensión de Dios a David:

“¿Por qué has despreciado la palabra del SEÑOR ha- SEÑOR ha- lo malo a Sus ojos? Has matado a espada a Urías hitita, y has tomado a su mujer para que sea mujer tuya, y lo has matado con la espada de los hijos de Amón. Ahora pues, la espada nunca se apartará de tu casa, porque Me has despreciado y has tomado la mujer de Urías hitita para que sea tu mujer.”

– 2 Samuel 12:9-10

¡A partir de entonces, David experimentó los mayores dolores en su vida! Lo que había hecho en secreto fue expuesto delante de todo Israel y atravesó́ generaciones hasta llegar a nosotros. Además, se cumplió́ exactamente lo que el profeta había dicho: la espada jamás se apartó de la casa de David. Así́ como este había actuado con violencia y crueldad contra Urías, otros actuarían contra David, pero en escala mucho mayor, comenzando por los miembros de su propia familia.

De todos los hijos de David, cuatro murieron, inclusive el niño que fue fruto de su adulterio con Betsabé (2 Samuel 12:15-18). Tiempo después, su hija Tamar fue estuprada por su propio hermano, Amnón (2 Samuel 12:1- 36). Para vengarse de ese hecho, Absalón lo mató. Más tarde, Joab, jefe del ejército de David, mató a Absalón porque este había incitado a una revuelta para usurpar el trono de su propio padre (2 Samuel 18:1-17). Finalmente, incluso después de la muerte de David, la espada hizo una nueva víctima en su familia: Adonías, al pretender maliciosamente tomar el reino de Salomón, fue ejecutado por Benaía (1 Reyes 2:22-25).

Para cerrar este tópico, dejo la siguiente pregunta:

¿dónde ha puesto usted sus ojos? Si estos no están en su esposa o en su marido, ciertamente está a punto de caer.

¿Quién sabe si sus ojos no estén ya llenos de adulterio, aunque su cuerpo aún no haya poseído el objeto de su deseo?

Preste atención a lo que es dicho en Santiago 1:13-15:

“Que nadie diga cuando es tentado: Soy tentado por Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal y Él mismo no tienta a nadie. Sino que cada uno es tentado cuando es llevado y seducido por su propia pasión. Después, cuando la pasión ha concebido, da a luz el pecado; y cuando el pecado es consumado, engendra la muerte.”

Frente a esto, no descienda ni un escalón más rumbo al pecado, porque, de lo contrario, su caída será́ inevitable.

Mensaje sustraído de: El Oro y el Altar (autor: Obispo Edir Macedo)

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