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Caín y Abel3 min read

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Junto a sus hijos Caín y Abel, Adán y Eva formaron la primera familia de la tierra. Caín era el primogénito y trabajaba en el mismo ramo que su padre, la agricultura, mientras que Abel era un pastor de ovejas.

Ambas ocupaciones eran dignas y reconocidas por Dios. Sin embargo, la forma en la que cada uno usó el fruto de ese trabajo para glorificar al Señor se tornó el motivo de la aprobación de uno y de la reprobación del otro. Toda esta historia quedó registrada en las páginas de las Sagradas Escrituras para nuestra enseñanza.

 “Y aconteció que, al transcurrir el tiempo, Caín trajo al SEÑOR una ofrenda del fruto de la tierra. También Abel, por su parte, trajo de los primogénitos de sus ovejas y de la grosura de estos. Y el SEÑOR miró con agrado a Abel y a su ofrenda, pero a Caín y a su ofrenda no miró con agrado. Y Caín se enojó mucho y su semblante se demudo.” (Génesis 4:3-5)

 Aunque a aquella altura todavía no se habían instituido los sacrificios, ya que la Ley Mosaica vendría tiempo después, ya formaba parte del culto al Señor el acto de sacrificar. Tenemos, entonces, la mención de las ofrendas de esos dos hermanos, pero con un enorme contraste entre ellas.

Abel Le dio al Señor de las primicias de su rebaño, o sea, él separó, de las primeras crías de sus animales, su ofrenda. Así́, Abel mostró su devoción sincera, su fe y su gratitud a Dios. Eso deja evidente que él quiso ofrecer lo mejor de sí al Todopoderoso.

Con respecto a Caín, el Texto Sagrado revela que, “Le trajo al Señor una ofrenda del fruto de la tierra.”

El gran contraste está en el modo en el que esas ofrendas fueron separadas. Abel Le dio prioridad al Señor, al sacrificar “de los primogénitos de sus ovejas”. En otras palabras, ni bien nacieron los primeros animales, Abel los separó para el Altísimo. Mientras que Caín sacrificó al cabo de días, indicando que, muy diferente al hermano, puso a Dios en último lugar.

De esta manera podemos entender que Caín cultivó el campo y, primero, se sirvió de él con los mejores frutos, para, después, separar una ofrenda para el Señor.

La expresión al cabo de días revela que pasó un tiempo, un período entre la cosecha y la separación de la ofrenda, en el cual Caín dejó de priorizar al Altar, para atender a sus propias necesidades. Inmediatamente, sin enfocarse en el Altar, sus ojos miraron al oro que, en este caso, era su propia voluntad o necesidad.

Mensaje substraído de: El Oro y el Altar (autor: Obispo Edir Macedo)

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