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¿Alguna semejanza con nuestros días?2 min read

Los problemas que Pablo abordó en su carta a los Romanos en aquella época son los mismos que trabamos hoy, en la Iglesia contemporánea.

¿Alguna semejanza con nuestros días?2 min read

Los problemas que Pablo abordó en su carta a los Romanos en aquella época son los mismos que trabamos hoy, en la Iglesia contemporánea.

El apóstol era consciente de la situación espiritual de los destinatarios que debían leer u oír aquellas exhortaciones, porque llegaban a sus oídos los errores que muchos de ellos estaban cometiendo, poniendo, así, en riesgo la fe que confesaban.

Del mismo modo, tenemos en mente las muchas personas que, a lo largo de los años, se han perdido en su caminata cristiana, porque despreciaron la dádiva especial de servir al Altísimo.

Muchas de ellas tomaron para sí la prerrogativa de trabajar en la Iglesia (como pastores y obreros) y pensaron que eso les daría un permiso para descuidarse espiritualmente y transgredir la Palabra. Lo hicieron por medio de pequeñas concesiones a su carne y, de modo lento y gradual, comenzaron a ser deshonestas, inmorales y mentirosas, y, hoy, actúan peor que los incrédulos.

Muchos “siervos” ven en la misericordia del Señor Jesús un salvoconducto para pecar; y, en Su Sangre, el habeas corpus que los libera para el libertinaje. ¡Pero es lo opuesto (Romanos 6:1-2)!

Y así como Israel no pecó por falta de conocimiento,

¡nadie en nuestros días puede alegar que peca porque no conoce la voluntad de Dios!

Son innumerables las reuniones en la iglesia, los cursos y seminarios bíblicos, las prédicas y las programaciones evangelistas transmitidas por radio, TV e internet, sin contar la variedad de literatura cristiana a disposición de todos.

Muchas veces, la Palabra es anunciada exhaustivamente, pero es la alerta Divina sonando para aquellos que están en desacuerdo con ella.

La gran variedad de temas relacionados al Reino de los Cielos ha hecho que algunos incluso desprecien los verdaderos “banquetes espirituales”.

Siendo así, no es la falta de conocimiento bíblico o de contenidos de fe lo que lleva a las personas a la caída espiritual, sino la falta de temor y de temblor con respecto a Dios y a las consecuencias que vendrán de su comportamiento tan reprobable, en desobediencia a los Principios revelados en la Palabra de Dios.

Lamentablemente, cuanto más conocimiento es ofrecido a aquellos que están en la oscuridad, más ciegos, soberbios y perversos se tornan. Por ese motivo, debemos trabajar para que, primero, tales personas se vean a sí mismas a la luz de lo que es dicho en el Evangelio, para que, después de ser transformadas interiormente, puedan servir en la Obra de Dios.


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