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Airaos, Pero No Pequéis (Parte 2)3 min read

Airaos, Pero No Pequéis (Parte 2)3 min read

Parte 2

Martín Lutero confesó un día: “Cuando estoy airado puedo escribir, orar y predicar bien, pues todo mi temperamento está despierto y mi entendimiento abierto, y todas las preocupaciones y tentaciones mundanas desaparecen”.

Cuando la ira se aparta de los moldes bíblicos, esto es, cuando es producto del egoísmo, entonces debemos de tratarla con todo el cuidado para no dejar que produzca un sentimiento de rencor creciente, razón por la que el apóstol Pablo continúa amonestándonos a fin de que no dejemos que el sol se ponga sin que antes hayamos sacado el enojo de nuestro corazón. Naturalmente, nos quiso decir que cuando seamos asaltados por la ira, cualquiera que sea el motivo, ella tenga poca duración para que no nos perjudique y mucho menos a otros.

El rey David afirma: “¡Temblad y no pequéis! Meditad en vuestro corazón estando en vuestra cama, y callad” (Salmo 4:4). El sentimiento de ira debe tener poca duración, caso contrario construirá un castillo de males que será mucho más difícil de derribar con el perdón.

Una señora vino a mi despacho pastoral a solicitar ayuda. Durante toda su vida de casada sufrió, y este sufrimiento empeoró después que se separó de su marido. Enfermedades, problemas económicos y una serie de molestias y aflicciones la acompañaban. Pasados algunos meses y después de haber efectuado varias cadenas de oración en la iglesia, ella presentó grandes mejoras. La situación económica estaba mejorando y las enfermedades cesaron, pero aún faltaba alguna cosa, porque ella no era totalmente feliz, que es la voluntad de Dios para nuestras vidas. Le pregunté si había en ella algún sentimiento de rechazo hacia algo pasado que la mantuviera con rencor hacia alguien.

Después de responder que sí, le aconsejé que sacara aquel sentimiento del corazón, pues jamás sería totalmente bendecida y tendría que enfrentarse a futuros problemas. Ella respondió: “¿Cómo puedo hacer eso? No está en mí el deseo sincero de perdonar” Le aconsejé que pidiera ayuda al Espíritu Santo, que Él lo haría posible.

Gracias a Dios, ella no solamente perdonó a su marido, sino que logró volver con él a la vida matrimonial después de diez años de separación. Hoy sus hijos también están con sus corazones totalmente volcados a Dios. Hay alegría, paz y vida abundante en aquel hogar, porque el espíritu del perdón hizo posible la actuación del Espíritu Santo en su familia.

Si usted aún no ha leído la primera parte, ingrese al siguiente link: Airaos, pero no pequéis Parte 1

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