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Airaos, pero no pequéis (Parte 1)2 min read

Airaos, pero no pequéis (Parte 1)2 min read

Parte 1

 En una sociedad podrida, corrupta e injusta, difícilmente podremos pasar los días libres de alguna falta o falla. Tenemos que admitir que algunas veces somos tomados por sorpresa por sentimientos de ira e indignación, por no soportar los abusos o las amenazas de la injusticia. Algunos teólogos le llaman a esto la “justa indignación”, puede ser de parte de Dios, como fue el caso del Señor Jesús:

“Entró Jesús en el templo de Dios y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el Templo, volcó las mesas de los cambistas y las sillas de los que vendían palomas…” (Mateo 21:12)

También puede venir de parte del propio ser humano. Esta ira jamás debe servir de permiso o pretexto para cualquier otra forma de enojo. Esta es muy común entre los que militan en la carne o los incrédulos, que se aman más a sí mismos que a Dios y, por eso mismo, practican y ejercen toda suerte de enfados debido al egoísmo que reina en sus corazones. Este tipo de ira también es diferente de la que no condena la Biblia.

Como cristiano puedo airarme por las injusticias cometidas contra el pueblo de Dios, en defensa de Su obra, por el cuidado de Su casa, etc., pero nunca en búsqueda de beneficios propios. No son pocos los que se dicen de Dios y que con frecuencia han “distorsionado” el propósito de la palabra: “Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo…” (Efesios 4:26).

Yo creo que esta ira de la cual habla la Biblia es la que experimentamos durante nuestro ministerio de la Palabra de Dios, al ver tanta miseria y dolor. Cuando oigo verdaderas aberraciones de satanás a través de personas que son poseídas por entidades infernales, es cuando en lo más íntimo, me lleno de cólera contra el diablo y sus demonios. Cuando leo en los periódicos acerca de políticos deseando hacer leyes para obligar a niños en las escuelas a recibir instrucciones espiritistas totalmente contrarias a las Sagradas Escrituras, entonces la ira se enciende en mí… Ésta es la ira que nos es permitido sentir.

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